Día Jueves, 08 de Enero de 2026
Las ventas al exterior de la economía alemana experimentaron una contracción del 0,6% en el mes de julio, situándose en 130.200 millones de euros. Este retroceso se debe fundamentalmente a la drástica caída de la demanda desde Estados Unidos, impactada por las nuevas barreras arancelarias. Sin embargo, el dinamismo del comercio intracomunitario permitió a Alemania mantener un sólido superávit comercial de 14.700 millones de euros, una situación que genera efectos directos en sus socios comerciales como España.
La locomotora exportadora de Alemania ha mostrado signos de ralentización durante el mes de julio, con una disminución en sus ventas al exterior del 0,6% en comparación con el mes precedente. La Oficina Federal de Estadística (Destatis) ha confirmado que la principal razón de este ajuste reside en el severo desplome del 7,9% en las exportaciones dirigidas a Estados Unidos, un mercado clave para la industria germana.
Este descenso en el mercado norteamericano es una consecuencia directa de la imposición de aranceles del 15% por parte de Washington a los productos de origen europeo. Esta medida ha provocado que las ventas totales de Alemania a países fuera de la Unión Europea se contrajeran un 4,5% durante el mes analizado. A pesar de que Estados Unidos sigue siendo el principal cliente individual de Alemania, el valor de las exportaciones hacia este destino, cifrado en 11.100 millones de euros, fue notablemente inferior al habitual.
Frente a este panorama adverso en el comercio transatlántico, el mercado interior de la Unión Europea ha actuado como un contrapeso crucial. Las exportaciones alemanas hacia sus socios comunitarios registraron un notable incremento del 2,5%, demostrando la resiliencia y la importancia estratégica del mercado único. Gracias a este buen comportamiento, el superávit de la balanza comercial alemana alcanzó los 14.700 millones de euros en julio, una cifra ligeramente inferior a la de junio pero que refleja la solidez de su sector exterior.
En el capítulo de las importaciones, estas también mostraron una leve contracción mensual del 0,1%, aunque en la comparativa interanual presentan un crecimiento del 4,3%.
El impacto en la cadena de valor española
El estancamiento económico de Alemania, que es el segundo mayor destino de las exportaciones españolas, tiene una repercusión directa en el tejido empresarial de España. Aunque el efecto general se considera moderado, ciertos sectores notan ya las consecuencias. Empresas de los ramos industrial, automotriz, químico y agroalimentario son las más expuestas a una menor demanda alemana, lo que podría traducirse en una ralentización de los pedidos y una mayor incertidumbre en sus planes de inversión.
No obstante, la economía española cuenta con importantes fortalezas que limitan el contagio. España mantiene un ritmo de crecimiento superior al de Alemania y al de la media de la eurozona, apoyado en una sólida demanda interna y una menor inflación. Esta resiliencia, sumada a una creciente diversificación de mercados hacia destinos como Francia, Italia, Estados Unidos y América Latina, permite compensar parte de la debilidad del socio germano. Además, a pesar del contexto, las empresas alemanas con presencia en España mantienen sus planes de inversión y contratación, lo que sigue estimulando a sus proveedores locales.
Desde la propia oficina estadística alemana se ha subrayado que “el descenso de las exportaciones alemanas en julio se debe principalmente a la menor demanda estadounidense como consecuencia de los nuevos aranceles”.
Esta situación ha generado inquietud entre los expertos. Analistas consultados por la agencia Reuters han lanzado una advertencia clara: “La economía alemana, orientada a la exportación, podría verse gravemente afectada si estos gravámenes se mantienen en el tiempo”.
Aunque el saldo comercial actual es el más bajo registrado desde octubre de 2024, se mantiene en niveles históricamente robustos. De cara al futuro, las proyecciones económicas apuntan a una estabilización del superávit comercial en una horquilla de entre 8.000 y 14.000 millones de euros para los próximos años, un escenario que, no obstante, está condicionado a que no se produzca una escalada en la actual guerra arancelaria.











































