Día Jueves, 08 de Enero de 2026
Un nuevo estudio revela el papel crucial de Europa en la transformación de una industria millonaria.
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Un exhaustivo análisis de dos décadas de comercio mundial de productos de tiburón, liderado por el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA, CSIC-UIB) y el Centro de Investigación Interdisciplinar en Tecnologías Ambientales (CRETUS, Universidad de Santiago de Compostela), ha puesto de manifiesto la compleja red que mueve la carne y las aletas de tiburón a nivel global y el rol determinante que la Unión Europea (UE) podría jugar para impulsar su sostenibilidad.
Publicado en la revista Marine Policy, el estudio, dirigido por Andrés Ospina-Álvarez, Silvia de Juan Mohan y Sebastián Villasante, en colaboración con expertos internacionales, subraya la necesidad de una transformación urgente en una industria que, a pesar de su valor económico, ha provocado un declive en las poblaciones de tiburones en las últimas décadas.
España, pieza clave en el engranaje global
La investigación, que empleó técnicas de análisis de redes para examinar más de 20 años de datos, reveló patrones de comercio distintivos. Mientras el comercio de aletas se concentra fuertemente en mercados asiáticos como Hong Kong y Singapur, el estudio destaca a España como el segundo mayor exportador mundial de aletas, con Singapur como su principal destino.
Por otro lado, el comercio de carne de tiburón presenta una red más distribuida. La Unión Europea, con España, Portugal y Francia a la cabeza, junto con países sudamericanos como Uruguay y Brasil, emergen como nodos cruciales en la redistribución global. Específicamente, España importa carne de tiburón de América Latina, África y Asia, y la exporta principalmente a Italia y Brasil, mientras que Francia adquiere carne de Estados Unidos para su posterior envío a Italia.
Avances regulatorios vs. lagunas en el control
Aunque la UE ostenta normativas avanzadas en pesca sostenible y herramientas de trazabilidad como el sistema TRACES, el estudio lanza una seria advertencia sobre las deficiencias estructurales en sus mecanismos de control. Los investigadores señalan que una mínima fracción de los envíos de tiburones es inspeccionada en puertos europeos y, alarmantemente, la verificación de la norma que exige el desembarque de tiburones con aletas adheridas al cuerpo (una medida vital contra el aleteo) es escasa.
Para que la UE asuma un rol de liderazgo efectivo, los autores proponen medidas concretas:
Establecer límites de captura basados en evidencia científica.
Mejorar la trazabilidad con tecnologías innovadoras como blockchain.
Ofrecer incentivos y asistencia técnica a los países exportadores.
Condicionar el acceso al mercado europeo a prácticas sostenibles y verificables.
Una red global que exige acción coordinada
La protección de los tiburones trasciende las fronteras, dado que la cadena de suministro abarca múltiples países, desde la pesca en alta mar hasta la venta al consumidor. La investigación enfatiza que la actual falta de trazabilidad y regulación en muchas etapas del proceso amplifica los impactos negativos, afectando no solo a las poblaciones locales de tiburones, sino también a los ecosistemas marinos y a las comunidades costeras de todo el mundo.
El estudio, por tanto, se presenta como una herramienta fundamental para rediseñar la red comercial del tiburón bajo criterios de equidad, sostenibilidad y transparencia. Su objetivo es mitigar los impactos perjudiciales y fomentar la conservación global de estas especies marinas vitales.










































