Día Jueves, 08 de Enero de 2026
Al contrario de lo que muchos pronosticaban, las relaciones entre Moscú y Pekín se encuentran en la actualidad en uno de sus mejores momentos.
Si bien las relaciones comerciales entre ambos ya gozaban de buena salud (China es desde hace casi una década el primer socio comercial de Rusia), desde 2014 se han fortalecido los vínculos a todos los niveles.
Ello ha coincidido con la imposición de sanciones por parte de la UE y Estados Unidos al Kremlin como respuesta a la anexión rusa de la Península de Crimea. Además, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha deteriorado las relaciones entre la primera y la segunda potencia mundial y, al encontrar en Washington un rival común, Moscú y Pekín se han acercado todavía más. A la buena sintonía a nivel político se le unen unas excelentes relaciones económicas.
Durante los primeros ocho meses de 2019, el comercio entre ambos se incrementó un 4,5%, hasta alcanzar los 70.000 mill.$ con un crecimiento especialmente destacado de las exportaciones rusas a China. Esta tendencia, además, no tiene visos de terminar como muestra las declaraciones del primer ministro ruso, Dimitri Medvedev, quien pretende duplicar el volumen de los intercambios comerciales con Pekín para 2024. Moscú ya ha anunciado que destinará alrededor de 100.000 mill.$ (la cifra más alta de la historia del país) a la construcción de aeropuertos, puentes, puertos, carreteras y vías ferroviarias.
Alrededor de un 10% de este presupuesto se empleará en el Corredor este-oeste, una de las arterias comerciales que forman parte de la Nueva Ruta de la Seda, el proyecto estrella chino.
Así pues, la buena sintonía entre Rusia y China supone un cambio de escenario en las relaciones internacionales y puede tener consecuencias muy negativas para Occidente.
Fuente: CESCE










































