Día Jueves, 08 de Enero de 2026
Los presidentes de las dos primeras potencias económicas mundiales, flanqueados por sus respectivas delegaciones, se reunieron a nivel bilateral en una cena para tratar de desbloquear la guerra comercial que se inició el pasado seis de julio.
Aunque la citada reunión bilateral tuvo lugar cuando la Cumbre del G-20 ya había terminado, su importancia y trascendencia eclipsaron del todo los logros a los que se llegó en la citada cumbre que han sido mínimos. Fiel a su táctica negociadora consistente en ejercer previamente sobre su rival una presión máxima para forzarle a efectuar concesiones, el presidente Donald Trump consiguió de su homólogo chino el compromiso de aumentar de manera sustancial e inmediata sus importaciones de productos agrícolas estadounidenses. La delegación asiática se comprometió también a reducir y, en algunos casos eliminar, los aranceles impuestos sobre los coches importados de los EE.UU, que actualmente son nada menos que del 40%. Los EE.UU, en contrapartida, se comprometieron a retrasar en 90 días la elevación del 10% al 25% de los aranceles que actualmente recaen sobre unos 6.000 productos importados de China valorados en 200.000 mill.$. Dicha elevación arancelaria iba a entrar en vigor el próximo uno de enero, por lo que será a partir de esa fecha cuando empiece a contar la citada tregua de tres meses.
Sólo una tregua temporal. El acuerdo fue muy bien acogido por los mercados y las principales bolsas mundiales registraron fuertes subidas en los días posteriores al mismo. Sin embargo, las divergencias de fondo entre las dos superpotencias están muy lejos de estar resueltas. Los EE.UU (y también, dicho sea de paso, la Unión Europea, aunque ésta última desapruebe los métodos del presidente estadounidense) quieren que China se comprometa de manera seria y fehaciente a respetar la propiedad intelectual y a eliminar la exigencia de transferencias forzosas de tecnología. Donald Trump quiere ver progresos en estos campos y ya ha amenazado con elevar los aranceles del 10% al 25% sobre las importaciones chinas si, una vez transcurridos los tres meses de la tregua, los asiáticos siguen sin mover ficha en estas cuestiones, altamente sensibles para los EE.UU. Sin embargo, a nadie se le escapa que, lo que está en estos momentos en juego, es nada menos que la hegemonía mundial, y que el objetivo último de las autoridades chinas es el de desbancar, lo antes posible, a los EE.UU en el dominio de las nuevas tecnologías, por lo que no va a resultar nada sencillo arrancar concesiones en esta cuestión a los líderes del país asiático.
.











































