Día Jueves, 08 de Enero de 2026
La semana pasada los líderes del G-7 se reunieron en la ciudad francesa de Biarritz para debatir acerca de los principales desafíos que enfrenta el actual panorama político y económico.
La agenda estuvo marcada por las insalvables distancias entre los líderes en temas como el comercio, el cambio climático, el Brexit o la retirada de Estados Unidos del pacto nuclear con Irán.
Con el fin de que el presidente estadounidense, Donald Trump, no estropease de nuevo la foto final (como hizo en el encuentro anterior celebrado en Canadá, cuando se negó a firmar el comunicado final), el anfitrión del evento, Emmanuel Macron, se reunió con él previamente para tratar de rebajar el clima de tensión en el que discurrieron las reuniones anteriores. No obstante, Macron dio el golpe de efecto definitivo con la invitación del Ministro de Exteriores de Irán al evento.
El objetivo del francés era forzar el diálogo entre Irán y Estados Unidos y, de esta forma, frenar la escalada de tensión que se ha vivido entre ambos los últimos meses. La jugada del francés fue tan arriesgada como eficaz y, tras mantener sendas conversaciones con sus homólogos iraní y estadounidense, transmitió su convicción ante la posibilidad de que se produzca un acercamiento entre ambos, algo que Trump posteriormente confirmó. Con este gesto, Macron consiguió salvar la reunión de las siete potencias que se clausuró en un ambiente relativamente optimista, a la vez que reforzaba su papel como mediador en la fracturada escena global.
Fuente: CESCE

































