Tras una ligera recesión en 2001, la economía mexicana vuelve a tomar progresivamente el camino del crecimiento. A corto plazo, su evolución está estrechamente vinculada a la situación en los Estados Unidos, pero también depende de la evolución del tipo de cambio. La depreciación de la moneda contribuye a estimular las exportaciones mexicanas, pero también provoca tensiones inflacionistas que conducen al ajuste de la política monetaria, lo que penaliza a la inversión privada.
En el plano estructural, México se ha transformado profundamente estos últimos años, gracias a la integración en Alena (Acuerdo de libre cambio entre Canadá, Estados Unidos y México ), que ha abierto de manera significativa al país a los intercambios comerciales y a los flujos financieros mundiales. Un desarrollo espectacular de las exportaciones, asociado a una política prudente, ha producido una reducción notable de los ratios de endeudamiento, que son actualmente moderados.
No obstante, el importante volumen de capitales volátiles hace temer un brusco cambio de actitud, por parte de los inversores extranjeros. México, sin embargo, sólo se ha visto muy moderadamente afectado por la crisis de desconfianza que afecta a la América del Sur, ya que su economía está estrechamente vinculada a la de los Estados Unidos. No obstante, el creciente desacuerdo entre el presidente Fox y el Congreso es un factor de incertidumbres que puede alterar la confianza de los inversores.
La recuperación de la coyuntura y la disminución de los incidentes de pago han llevado a Coface a retirar la vigilancia negativa de la calificación @rating de México en 2002, que es A4. No obstante, algunas empresas endeudadas en dólares siguen siendo frágiles, especialmente en el sector del textil y la informática. ::