Una provocación positiva

El Guggenheim de Bilbao, icono de la museística contemporánea, exhibe en sus salas piezas que van desde la Antigüedad al siglo XVIII


Esto es lo que produce la exposición temporal que actualmente podemnos ver en el Guggenheim de Bilbao hasta el 18 de enero de 2009.
Los autores que hacen posible esta muestra son los comisarios Carmen Giménez y Francisco Calvo Serraller. Este magnífico tandem viene a mostrar una de las colecciones más importantes del mundo, la del Museo Kunsthistorisches de Viena.
Que un museo acoja una colección “clásica” de arte no es algo nuevo, pero si hablamos del Guggenheim, paradigma del arte contemporáneo, resulta algo sorprendente. Pero lo más destacado no es esto, sino que los comisarios han sido capaces de alterar un orden expositivo, quitándole monotonía, aportando contrastes exquisitos entre piezas que parecen entender el idioma común de los grandes maestros del arte. La Infanta María Teresa de Velázquez comparte sala con pequeñas figurillas del Antiguo Egipto.
Esto no es más que un botón de muestra de los atrevidos contrastes que se nos proponen en la exposición.
Hoy las grandes colecciones privadas del arte, en gran medida, van de la mano de grandes entidades financieras, bancos, Fundaciones,  que son las que acaparan obras de nuestro tiempo, del arte contemporáneo y más actual. Antiguamente, el arte venía de la mano de mecenas asociados tanto al clero, como a  casas reales. Esto es lo que ocurre con la exposición que se presenta en el Guggenheim, que era la vasta colección de la casa de los Hamburgo, que desde Maximiliano I ( abuelo de Carlos V) hasta la caída del Imperio austrohúngaro habían ido coleccionando durante cinco siglos de historia. El exquisito gusto de estos monarcas es palpable en la muestra que abordamos. La mayoría de las piezas del S. XVI provienen de las cámaras de las maravillas del Archiduque Fernando II de El Tirol y de Rodolfo II de Habsburgo. Por otro lado, el arte barroco de esta colección se nutre del archiduque Leopold/oldo Guillermo.
Las cámaras de las maravillas, o wunderkammer, eran unos espacios privados, en los que se atesoraban, como indica el nombre, maravillas de toda índole. De carácter privado y lo suficientemente abigarrado para no poder contemplar con comodidad todas las piezas, se sucedían armaduras, cuadros, antigüedades, muebles….
El salto cualitativo de la colección es el momento en que el emperador Francisco José I (1830-1916) inauguró el Museo Kunsthistorisches de Austria en 1891.
Este carácter de variedades, de cámara de las maravillas, ha sido también tratado en la exposición pues no sólo se contempla obra de maestros de la pintura sino también armaduras, medallas, esculturas de la antigüedad… eso sí con un carácter expositivo de vanguardia. Con una iluminación cálida que otorga un ambiente especial a las piezas que destacan de entre la gélida pared blanca del museo.
“Todas las historias del arte” es el título de la exposición que reúne a casi dos centenares de piezas (73 pinturas y 100 objetos) y que se muestran con un orden no cronológico sino temático, en los grandes géneros del arte (retrato, religión y mitología, pintura de historia, naturalezas muertas, paisaje). Pero de entre los seis apartados que se muestran hay que destacar la presencia del retrato que sobresale en todo su esplendor. Maestros como Rubens, Tintoretto, Tiziano, Velásquez, Brueghel el viejo, Patinier, Durero, son algunos de los autores que podremos contemplar en la exposición que ofrece piezas poco o nunca vistas, ya que es la primera vez que se presenta en España fondo de este museo.
Nunca el arte “clásico” había sido algo tan moderno…