Tribuna: Servicios de logística en terceros países

En muchas ocasiones, más de las deseadas, las empresas se encuentran con clientes internacionales, cuya localización es dispersa, su volumen de compra no muy grande y el coste que supone enviar una partida de grupaje o varios paquetes nos lleva a un gran numero de manipulaciones, proveedores distintos, segmentos de transporte añadidos, costes adicionales de almacenaje en origen y destino, re-empaquetados, mano de obra, pérdida de visibilidad en el envío y mayores posibilidades de errores y pérdidas o daños.
Estas situaciones pueden solucionarse con stocks en destino, aumentando nuestro coste logístico en la misma proporción que aumentarían los financieros, más el coste añadido del distribuidor que nos sirve de enlace con nuestros clientes. La gran pregunta es: ¿Puedo servir paquetes y palets a mis clientes, aprovechando los beneficios que por economía de escala me darían el envío de grandes unidades de carga, como los contenedores, aplicados a este segmento de exportación?
Es lógico pensar que los servicios express de paquetería están para esto, y en este contexto podría parecer que el problema se soluciona con envíos courier. Es totalmente cierto si por las características de nuestro producto y de nuestros clientes se busca un servicio rápido y que la repercusión del coste sobre el envío no sea la principal preocupación.
Pero cuando lo que nuestro negocio busca es una optimización del coste, con unos plazos de entrega en los que los tiempos máximos de tránsito no son el factor determinante y que, además, optimizando recursos podemos liberar a nuestra cadena de suministro de puntos muertos en cuanto a operaciones de etiquetado, preparación de pedidos, «pick and pack», e incluso «kitting» o montaje, estamos ahorrando un tiempo y unos recursos que podemos dedicar a otras tareas más productivas.
Imaginemos que tenemos múltiples clientes a lo largo de los Estados Unidos, con pedidos más o menos regulares, pero que no son lo suficientemente grandes como para servirles un contenedor completo a cada uno. Ello supondría varios envíos, posiblemente varios proveedores de transporte, multiplicar la documentación por cada cliente, varios despachos de aduana, varios transportes, manipulaciones, etiquetados… costes fijos por cada envío para darnos cuenta que, todo, cabría en un solo contenedor de 20' o de 40'.
El desarrollo logístico actual permite que sea posible integrar toda la operación desde origen a cada uno de los destinatarios finales en una sola unidad de carga. Consolidación de todas las partidas en uno o varios contenedores, etiquetado en origen o en destino, un único despacho de aduanas en Estados Unidos, un único punto de des-consolidación y de entrada en red de distribución y entrega final… e incluso el cobro de nuestra venta.
Estimando el ejemplo anterior, el tiempo medio del proceso tradicional lleva de 32 a 45 días, mientras que los tiempos actuales con el sistema directo van de los 25 a 30 días y un ahorro total de costes entre el 15% y el 20% en el conjunto de la operación, sin contar con el valor añadido que supone llegar antes al mercado y consecuentemente acortar nuestros tiempos en la misma proporción.