Stablecoins y comercio global: el futuro de las transacciones en importación y exportación

El comercio transfronterizo se encuentra en un momento de transformación significativa, no solo por la coyuntura geopolítica y los retos que representa, sino por los avances tecnológicos que está experimentando. En este marco, resulta paradójico que la transformación no esté permeando al ámbito de los pagos, pues si bien estos mueven más de 290 billones de dólares al año, la mayor parte sigue liquidándose mediante transferencias bancarias: un sistema que puede tardar varios días en hacerse efectivo y cuyo coste real —entre comisiones, márgenes de cambio y bancos corresponsales— suele situarse entre el 2 % y el 5 % del importe.

Para una empresa de importación y exportación que trabaja con márgenes ajustados, estas fricciones no son un inconveniente menor: afectan directamente a la rentabilidad, la tesorería y la capacidad de competir en mercados internacionales.

Es por eso que las stablecoins están empezando a consolidarse como una nueva infraestructura para los pagos internacionales entre empresas. Lo que hace apenas unos años se asociaba al ecosistema de los activos digitales ahora empieza a utilizarse para resolver un problema muy concreto del comercio exterior: mover dinero entre empresas de forma más rápida, predecible y eficiente.

Un sistema que sigue penalizando al comercio internacional

La mayoría de los pagos internacionales continúa realizándose a través de la red SWIFT, una infraestructura creada para conectar entidades financieras y que depende de una cadena de bancos corresponsales para completar muchas operaciones.

Para las empresas de importación y exportación, este modelo implica pagos que pueden demorarse varios días, costes difíciles de prever y procesos sujetos a verificaciones adicionales que escapan al control del departamento financiero. La diferencia entre la fecha de emisión, la fecha valor y la disponibilidad efectiva de los fondos dificulta la planificación de la tesorería, mientras que los márgenes aplicados en el cambio de divisa reducen la rentabilidad de cada operación.

Estas limitaciones resultan especialmente relevantes en los corredores comerciales entre Europa y mercados como Latinoamérica, el norte de África o el sudeste asiático, donde la infraestructura bancaria suele implicar mayores costes y tiempos de liquidación.

Las stablecoins ganan terreno en los pagos B2B

El crecimiento de los pagos B2B con stablecoins refleja que esta transformación ya está en marcha. Según McKinsey & Artemis Analytics, en 2025 el volumen de pagos empresariales mediante stablecoins alcanzó los 226.000 millones de dólares, un 733% más que el año anterior. A comienzos de 2026, el 97,8% del volumen gestionado por plataformas especializadas correspondía ya a operaciones entre empresas.

La tendencia muestra un cambio de enfoque. Las stablecoins dejan de percibirse únicamente como un activo digital para convertirse en una infraestructura de pagos utilizada por compañías con actividad internacional.

En una operación internacional de este tipo, una empresa convierte los euros en una stablecoin regulada, envía el importe al proveedor a través de una red blockchain y permite que este reciba los fondos en cuestión de minutos para convertirlos posteriormente a su moneda local.

Al reducir la intermediación bancaria, disminuyen tanto los tiempos de liquidación como buena parte de los costes asociados a la operación. En corredores donde una transferencia bancaria puede representar entre un 2% y un 5% del importe, los pagos mediante stablecoins pueden situar el coste total por debajo del 0,5%.

Para empresas que realizan pagos internacionales de forma recurrente, esto supone una mayor previsibilidad sobre sus costes financieros, una gestión más eficiente de la tesorería y una mejora de la relación con proveedores que reciben los fondos prácticamente en tiempo real.

El beneficio resulta especialmente visible en rutas comerciales donde las transferencias internacionales siguen siendo más lentas y caras. Para muchas empresas españolas que importan componentes desde Asia o exportan productos a México, Colombia o Marruecos, reducir varios días de espera a unos minutos puede tener un impacto directo en la operativa diaria.

La rapidez en la liquidación facilita la planificación financiera, reduce tensiones de liquidez y aporta una mayor certidumbre tanto para compradores como para proveedores, especialmente en operaciones recurrentes.

MiCA aporta el marco regulatorio

La entrada en vigor del Reglamento MiCA ha supuesto un punto de inflexión para la adopción empresarial de las stablecoins en Europa. El nuevo marco establece requisitos sobre reservas, supervisión y protección del usuario, ofreciendo una mayor seguridad jurídica para las empresas que evalúan incorporar este tipo de soluciones en sus procesos de pago.

Este avance regulatorio está contribuyendo a que las stablecoins se analicen cada vez más como una infraestructura financiera para pagos internacionales y no únicamente como un activo vinculado al ecosistema cripto.

Una cuestión de competitividad

La transformación de los pagos internacionales no pasa necesariamente por sustituir a la banca tradicional. En la práctica, muchas empresas de importación y exportación están adoptando modelos híbridos, utilizando stablecoins en aquellas operaciones donde aportan una mayor eficiencia y manteniendo los canales bancarios convencionales para el resto de su actividad.

En un entorno donde cada día de espera y cada punto porcentual de coste influyen en la competitividad, la forma de pagar a proveedores y cobrar de clientes internacionales empieza a convertirse en una decisión estratégica. La evolución del mercado, el crecimiento de los pagos B2B y el nuevo marco regulatorio europeo apuntan en la misma dirección: las stablecoins están dejando de ser una innovación tecnológica para consolidarse como una nueva infraestructura al servicio del comercio internacional.

Vicente Romero, cofundador y COO de Cryptopocket

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