Salvador de Bahía, el color y el ritmo negro de las Américas

Es la ciudad más negra y colonial de Brasil, declarada Patrimonio de la Humanidad, y en ella se emanan todavía los aires heredados de sus antepasados, provenientes del África Negra.


Es la ciudad más negra y colonial de Brasil, declarada Patrimonio de la Humanidad, y en ella se emanan todavía los aires heredados de sus antepasados, provenientes del África Negra. Rodeada completamente por el océano, Salvador de Bahía está bañada por un lado por la aguas de la impresionante bahía de Todos los Santos, mientras que por el otro costado queda regado por el bravío Atlántico.
Salvador de Bahía es otro ritmo y otro color. Se respira en el folclore, en la indumentaria de las bahianas, en la danza, en su comida y en el color de su piel. Es uno de esos lugares fascinantes que seduce a todo aquel que llega a esta tierra.
Su centro histórico ha sido declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad. Son ya cerca de 500 los edificios restaurados en el Pelourinho y sus alrededores, un barrio colonial que fue el corazón de la ciudad antigua y hoy una viva estampa de la vida que llevaban los primeros colonizadores. El espíritu religioso está patente en su afán por construir iglesias, como la de Nuestra Señora del Rosario de los Negros. También destaca la fachada de la Iglesia de la Orden Terciaria de San Francisco, totalmente construida en piedra cincelada, un ejemplo de arquitectura barroca del siglo XVI.
Es en el casco antiguo donde encontramos las verdaderas raíces brasileñas. En el Mercado Modelo, cuyos arcos de ladrillos se reflejan sobre el agua, podemos aprender a bailar “la capoeira”.  Tampoco hay que perderse el Elevador Lacerda, que es el mayor del país y que une la ciudad baja con la ciudad alta. Es tradición tomar el tradicional “milk shake” en La Cubana. Los viejos caseríos coloniales se iluminan por la noche dando un toque de magia al Pelourinho.
Todo este ambiente cálido y mestizo, junto con su arquitectura colonial pintada en colores chillones nos envuelve en un halo de misterio, parecido a entrar en un trance, y nos invita a bailar al ritmo de la bossa nova a todas horas y en cualquier lugar de este paraíso de color.