Rusia quiere, a toda costa, mantener su dominio en la región como suministrador de gas, mientras la Unión Europea busca deshacerse de la dependencia energética que sus países tienen del gigante vecino del este. Para mayor alerta de las autoridades comunitarias, el Ejecutivo de Vladimir Putin materializó la semana pasada un nuevo movimiento que lo coloca en una situación aún más ventajosa: el acuerdo, junto a Kazajistán y Turkmenistán, del tendido de Gasoducto del Caspio.
Putin y sus homólogos, reunidos en cumbre trilateral en el puerto turkmeno de Turkmenbashí, a orillas del Caspio, resolvieron firmar el acuerdo antes del 1 de septiembre. El nuevo tendido implica el permiso a Rusia para acceder a los hidrocarburos de Asia Central. Aunque las fechas no se concretaron con exactitud, el jefe del Gobierno ruso adelantó que las obras comenzarán a partir de la segunda mitad de 2008 y tendrán un coste aproximado de 1.000 millones de dólares. Por otra parte, los tres países emitieron declaraciones sobre el proyecto muy pobres en detalles. Sí se anunció un propósito de mejorar las infraestructuras de exportación de gas de Uzbekistán, que se remontan a la era soviética. Precisamente, al gasoducto promovido por el Kremlin se ha sumado esta última república centroasiática, Uzbekistán, país sin acceso al Caspio y que ha forjado en los últimos meses una relación estratégica con Moscú.
Putin manifestó que el Gasoducto del Caspio permitirá incrementar el suministro de gas con destino a Europa, al tiempo que descartó la participación de otros países en el proyecto. Por su parte, Nazarbáyev, mandatario kazajo, subrayó que este es un proyecto exclusivamente «económico» y descartó que existan motivaciones políticas.
Un mazazo a la estrategia europea
Ante todo, el anuncio supone un duro golpe a la estrategia de la UE para romper su dependencia rusa, después de que adelantara su intención de construir un gasoducto a través del Caspio, gracias a un proyecto conocido como Transcaspio, respaldado por EE.UU. que, como Europa y China, también querían obtener acceso directo a estas reservas.
En respuesta, la UE, por iniciativa de Alemania, que ostenta la presidencia de turno, ha lanzado en los últimos meses una ofensiva diplomática en Asia Central, donde confía en encontrar una alternativa al gas y petróleo rusos. Bruselas pretende que esta región satisfaga para 2030 una quinta parte de las necesidades energéticas, fecha para la que se espera que la UE importe un 70% de la energía que consume.
Actualmente, Rusia satisface el 40% de las importaciones de gas de la UE, porcentaje en aumento que permite, que, cada vez en mayor medida, los vaivenes de la política rusa, como quedó demostrado en los conflictos con Ucrania y Bielorrusia, influyan en la economía comunitaria. Respecto a Kazajistán, es uno de los mayores productores de petróleo y uranio del planeta, mientras que Turkmenistán acoge la quinta reserva mundial de gas.