Entre la sorpresa y las dudas (¿cuándo no las hay en la Bolsa?) acaba un primer semestre que, contra todo pronóstico, se ha convertido en el semestre estrella de los últimos cinco años, y en el que hemos visto el Dow Jones por encima de 9.000 y nuestro Ibex por encima de 7.000. Hay que remontarse a 1998 para ver un primer semestre tan alcista (si bien aquel año el Ibex subió casi el 40% en los seis primeros meses y este año ha subido el 15% desde enero) y éste dato, unido a que los últimos seis semestres han sido todos ellos bajistas, alimenta de nuevo las expectativas de haber dejado atrás definitivamente la fase bajista.
Fue precisamente en 1998 cuando, tras la euforia, vino la llamada crisis de la deuda rusa, crisis que en realidad puso de manifiesto el agotamiento del modelo de crecimiento de los noventa, agotamiento anticipado por el mini-crack de Octubre de 1997, y que a la vez mostró que cualquier subida adicional de las Bolsas, a partir del 11.000 que el Ibex había marcado en Julio de 1998, no sería sino el preludio de una caída mayor y más dolorosa, como efectivamente aconteció a partir de marzo de 2000.
Ahora, en julio de 2003 nos enfrentamos a dos realidades no muy alentadoras que conviven, sin embargo, con expectativas algo más optimistas. La primera realidad, que ha llevado a la FED a situar los tipos al 1%, es que a la economía norteamericana le va a costar volver al dinamismo de fines de los noventa, tal y como hemos visto en el pobre PIB del primer trimestre, porque todavía tiene desequilibrios que digerir. La segunda realidad, que ponía de manifiesto esta misma semana en Madrid el siempre impactante Larry Ellison, es que el sector tecnológico es ya un sector maduro, cuyo crecimiento futuro estará más en línea con el de sectores como el automóvil o la electrónica de consumo que con el que alcanzó en la década de los noventa. De esas dos realidades (economía USA y sector TI en fase madura) hay que partir para construir el modelo de crecimiento del siglo XXI.
Lo anterior crea un cierto aroma a deflación en la economía de USA, aroma que impregna los últimos comunicados de la FED. Pero pasar de ahí al pesimismo deflacionista es, cuando menos, algo exagerado. Los bonos largos, cuyos tipos han rebotado al alza desde mediados de junio, y las Bolsas, no parecen estar en ése registro tan pesimista, sino en una expectativa más alentadora de crecimiento suave y baja inflación.
Es sano y deseable que las Bolsas corrijan y es muy lógico que lo hagan en algún momento de este verano que ahora empieza. Es también lógico que el dólar suba tras la drástica caída que acumula desde el inicio del año. Pero, así como todo apunta a que el dólar siga bajando, entre otras cosas porque es una de las formas de proseguir en la corrección de los desequilibrios de la economía norteamericana, todo apunta también a que podamos ver antes de fin de año en las Bolsas, niveles superiores a los que se han visto durante los primeros seis meses.
La primera semana de julio vamos a conocer datos muy relevantes, como el ISM manufacturero y no manufacturero en USA y los datos de desempleo de junio también en USA, como anticipo a un julio en el que los resultados de las empresas serán los protagonistas. ::