Los países nórdicos se han consolidado como líderes en el desarrollo de las nuevas tecnologías. Una larga tradición investigadora, la estrecha colaboración entre empresa y universidad y una legislación adecuada son las claves de su éxito.
El desarrollo de las nuevas tecnologías es uno de los pilares más importantes para alcanzar una economía dinámica y competitiva. Para llegar a esta meta es necesario que el gobierno, el tejido empresarial y las universidades de cada país se comprometan con el I+D. En Europa todavía queda mucho camino por recorrer, sin embargo hay tres Estados que constituyen un verdadero ejemplo: Suecia, Noruega y Finlandia.
Suecia es uno de los países con un mayor gasto en Investigación y Desarrollo (I+D) con un 4,27% del PIB, cifra muy superior a la media europea (1,98%), a la de Estados Unidos (2,82%) o incluso a la de Japón (2,98%). Según el Instituto Sueco, las inversiones en materia de I+D provienen tanto de fondos públicos como privados, pero a diferencia de lo que ocurre en otros países de la UE son precisamente las empresas quienes contribuyen en mayor medida, con un 75% de las aportaciones.
Suecia se ha convertido así en una de las naciones de vanguardia en tecnología de la información (TI), está a la cabeza de la telefonía móvil y en aplicaciones inalámbricas de Internet y, de hecho, ha llegado a calificarse a Estocolmo como «capital europea de Internet». Algunas de las principales compañías de telecomunicaciones como Microsoft, Nokia, Intel e IBM están estableciendo su actividad de investigación y desarrollo en esta ciudad.
Además del elevado uso doméstico de las TIC (uno de cada dos hogares tiene un ordenador y una conexión a Internet), hay que resaltar asimismo que el empleo dentro del ámbito de las telecomunicaciones es excepcionalmente elevado, un dato muy positivo tanto para el desarrollo de nuevas empresas del sector como para el crecimiento económico en general.
El consejero comercial de la Embajada de Suecia en España, Pontus Broddner, explicó que son varias las razones que han situado al país en una posición tan privilegiada, pero hay que destacar fundamentalmente tres: «los gastos en I+D son los más altos en porcentaje del PIB en Europa; además existe lo que se denomina el derecho del investigador, por lo que el científico que está estudiando sobre un tema tiene derechos sobre sus descubrimientos y patentes; y el país cuenta con una legislación muy favorable que ha llevado, por ejemplo, a calificar durante muchos años al teléfono como «bien de interés social»».
Finlandia
También Finlandia está entre los primeros países en inversión en I+D, con un 3,43% del PIB. Según el consejero comercial de Finpro para España y Portugal, Tapani Lankinen, «lo que puede ser uno de los secretos del éxito del país durante la última década es el hecho de que las empresas destinan un 70% de toda la inversión a innovación y en I+D. Las universidades representan un 20% de esta investigación y existe una colaboración muy íntima entre las empresas y las universidades y escuelas superiores».
Por su parte, el Fondo Nacional Finlandés para Investigación y Desarrollo opina que parte del éxito del desarrollo de las TIC en el país se debe a que «la sociedad finlandesa desarrolla y utiliza las oportunidades inherentes en la sociedad de la información para mejorar la calidad de vida, el conocimiento, la interacción y la competitividad internacional». Al hilo de esto, merece la pena subrayar que dos tercios de los finlandeses usan tecnología informática en su lugar de trabajo, el 75% posee un teléfono móvil y uno de cada tres utiliza servicios de Internet, lo que significa el porcentaje más alto del mundo.
En este sentido, Tapani Lankinen concluyó que «Finlandia se ha convertido en un excelente laboratorio por la alta utilización de estas tecnologías de la información y las telecomunicaciones». Los factores que han contribuido a ello son varios. Por ejemplo, la desregulación y libre competencia en telecomunicaciones ha tenido sin duda una gran responsabilidad. El consejero comercial de Finpro para España explicó a este respecto que «hace más de diez años que se liberalizaron las telecomunicaciones y eso ha incentivado en gran medida el desarrollo. También influyó el hecho de que los gobiernos escandinavos no cobraran nada para formalizar las licencias cuando se emitieron para las operadoras, en contra de lo que pasó en otros países europeos».
El caso noruego
Noruega, al contrario de lo que ocurría en los otros dos países analizados, destina tan sólo un 1,62% del PIB a I+D. Existen varias razones que han llevado a esta situación. Por una parte, más de la mitad (el 52%) de toda la investigación noruega está dirigida por el sector privado. Además, la mayoría de las industrias del país están dedicadas a la producción de petróleo y gas, un sector que tradicionalmente dedica pocos recursos a las actividades de I+D. Asimismo, no hay que olvidar que el tejido empresarial comprende una amplia proporción de pymes que tienen limitadas posibilidades de invertir en investigación y desarrollo.
El Gobierno noruego pretende mejorar esta situación mediante un plan que incluye diversas actuaciones, como la creación de un fondo para el I+D+i diseñado para asegurar una financiación pública a largo plazo más estable, o la puesta en marcha de un programa de incentivos de impuestos, que permite a las compañías deducir de un 18% a un 20% de sus gastos al realizar actividades investigadoras.
Con todo, Noruega destaca especialmente en el desarrollo de las energías renovables. En este país se ha fomentado la construcción de un conocimiento basado en ayudar a la resolución del gran número de problemas relacionados con el medio ambiente y la energía a los que se enfrenta el mundo.
El adjunto al consejero comercial de Noruega en España, Rodrigo Ballesteros, expuso que «el país es uno de los mayores productores de petróleo y gas natural. Sin embargo, el 80% del consumo total de energía es de origen hidroeléctrico, una cifra que aumenta hasta el 99,2% en el uso doméstico».
Esta aparente paradoja se explica porque el petróleo y el gas natural se destinan principalmente a la exportación, mientras que para el consumo interno en Noruega se ha apostado por el uso de las energías renovables.
«La energía hidroeléctrica se genera gracias al exceso de nieve a lo largo de los meses fríos y a unas montañas muy altas, por lo que el deshielo nos da caídas de agua natural muy altas, con una fuerza y con una capacidad de producción de energía bastante importante», explicó Ballesteros.
A este respecto, el miembro de la Embajada en España subrayó que «Noruega no busca la exportación pura y dura de la tecnología, pero lo que sí interesa es la colaboración con instituciones y empresas para adaptar esas tecnologías a los países al cual se dirijan». Ballesteros reveló que actualmente está en marcha un programa intensivo de colaboraciones tecnológicas entre empresas noruegas y españolas.