Los estonios estrenaron las urnas comunitarias

Las elecciones al Parlamento Europeo, en las cuales sólo el 26,7% de la población de Estonia acudió a votar, demostraron ante todo la falta de interés que aún existe en el país por los temas comunitarios. La campaña electoral estuvo centrada en los argumentos locales, y matizada por escándalos, proyectándose más hacia las elecciones municipales a celebrarse el próximo año. De nada le valió a Respública, partido a la cabeza de la actual coalición gobernante, usar a la supermodelo Carmen Kass y un despliegue publicitario de mensaje populista. No obtuvieron ni uno de los seis escaños a repartir, a pesar de que «irrumpirían en Europa en contra de un Superestado». La Liga Popular, también en el poder, y defendiendo la moneda estoniana frente al euro (¿a estas alturas?), se quedó con las ganas. Los liberales, después de amedrentar al electorado, obtuvieron un mero puesto, al igual que Pro Patria y el Partido Centrista. La sorpresa fueron los socialdemócratas, que se hicieron con tres asientos en Bruselas, apostando al consabido prestigio de Toomas Hendrik Ilves y no a trucos publicitarios. Dicho brevemente: 5 a 1 terminó el partido, a favor de la oposición.