La volatilidad de la deuda, la reconfiguración logística y el pulso comercial redefinen el escenario económico internacional

RIESGO PAÍS DE Cesce, DEL 20 DE JULIO AL 6 DE SEPTIEMBRE 2026

El encarecimiento global del crédito, impulsado por las masivas inversiones en inteligencia artificial y la persistente inflación, marca un punto de inflexión en los mercados financieros. En paralelo, el comercio exterior se enfrenta a desafíos críticos derivados de los bloqueos marítimos en Oriente Medio, las disputas arancelarias entre grandes potencias y el impacto de fenómenos climáticos extremos, factores que están reescribiendo las estrategias de inversión internacional y logística corporativa.


Los mercados financieros internacionales atraviesan un periodo de intensa volatilidad, evidenciado por un repunte histórico en los rendimientos de la deuda soberana. Durante el mes de agosto, la rentabilidad del bono a 10 años de Estados Unidos superó el 4,8%, su nivel más alto desde 2023, mientras que el bono a 30 años escaló hasta el 5,2%, un máximo no registrado desde el año 2007. Esta tendencia alcista se ha replicado en economías avanzadas como Alemania, Francia, Japón y Reino Unido.

Los analistas atribuyen este fenómeno a una combinación de factores: la desmesurada inversión corporativa en infraestructuras de Inteligencia Artificial (IA) —con emisiones que compiten directamente con la deuda soberana—, los crecientes cuellos de botella logísticos y la fragilidad de las cuentas públicas. En este contexto, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anunció una ampliación excepcional del plan de recompras de bonos, un movimiento estratégico denominado «Treasury twist». Por su parte, en su debut en Jackson Hole, el nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed), Kevin Warsh, dejó claro que la prioridad absoluta sigue siendo la lucha contra la inflación, apostando por un «mapa de ruta» basado en datos reales en lugar de directrices futuras fijas.

Tensiones comerciales y arancelarias

El comercio exterior sigue condicionado por los pulsos diplomáticos. En la antesala de la cumbre prevista para finales de septiembre de 2026 en Washington, Estados Unidos y China han iniciado negociaciones para una rebaja recíproca de aranceles en bienes de consumo por valor de 30.000 millones de dólares. Este movimiento de desescalada se produce tras un verano de medidas proteccionistas que incluyeron gravámenes estadounidenses a la tecnología china y aranceles de represalia de Pekín del 54,3% a productos agrícolas norteamericanos.

Paralelamente, las relaciones comerciales entre Brasil y EE.UU. se han tensado tras la imposición desde Washington de nuevas sobretasas de hasta el 25% a productos brasileños, afectando a casi una cuarta parte de las exportaciones del país sudamericano hacia ese mercado.

Logística energética y el tablero petrolero

En el ámbito de las materias primas, el bloqueo del estrecho de Ormuz continúa alterando el tráfico marítimo y golpeando a economías altamente dependientes de esta ruta, como Catar, cuyo PIB se contrajo un 7% en el primer trimestre de 2026 debido a un desplome del 26% en su industria de hidrocarburos. Pese a la tensión, una flota clandestina mantiene un flujo subterráneo estimado en 4-5 millones de barriles diarios, lo que ha evitado un alza descontrolada del crudo Brent.

En América Latina, el sector energético experimenta una sacudida tras el histórico acuerdo sellado entre Washington y Caracas a través de la compañía privada North American Blue Energy Partners (NABEP). Este pacto otorga derechos de desarrollo sobre 17 campos venezolanos con 65.000 millones de barriles de reservas, prometiendo movilizar hasta 100.000 millones de dólares en inversiones internacionales, un movimiento que subraya el giro pragmático de EE.UU. hacia la estabilización de los precios del petróleo.

Riesgo país: clima, geopolítica y elecciones

La región latinoamericana enfrenta serios retos operativos por la consolidación de El Niño. Sus efectos amenazan las infraestructuras, la agricultura y la generación eléctrica en países como Perú, Panamá, El Salvador y Ecuador; este último, con alta dependencia hidroeléctrica, ya sufrió pérdidas de 2.000 millones de dólares por cortes energéticos recientes. En paralelo, Bolivia ha alcanzado un acuerdo técnico con el FMI por 1.900 millones de dólares que exigirá fuertes ajustes, mientras Colombia lidia con el coste fiscal de la reconstrucción tras un devastador terremoto.

A nivel geopolítico, la inestabilidad afecta diversas latitudes:

  • En Europa, la extrema derecha (AfD) ha hecho historia al ganar las elecciones regionales en Sajonia-Anhalt (Alemania), mientras que Islandia votó un rotundo «No» a retomar su adhesión a la Unión Europea para proteger, entre otros, su sector pesquero.
  • En el este europeo, persiste el conflicto de Ucrania, agravado por ataques con drones contra infraestructura logística de la OTAN en Alemania y la necesidad de Kiev de mayor financiación.
  • En Asia, un conflicto diplomático fronterizo entre Camboya y Tailandia elevó las alarmas. El ministro camboyano Neth Pheaktra fue tajante al afirmar que «los mapas no se mueven con las tropas». A esto se suma el desafío diplomático de Nepal tras unas riadas catastróficas y la continua presión militar de China sobre Taiwán de cara a sus elecciones locales.
  • En África, destaca la reestructuración de la deuda de Senegal bajo un acuerdo con el FMI, la tensión militar en Tigray (Etiopía), el golpe frustrado en Níger y las polémicas elecciones en Zambia. Finalmente, en Oriente Medio, Arabia Saudí, Pakistán y Turquía han consolidado un importante pacto de defensa conjunta.

Fuente: Cesce

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