España atraviesa un inmejorable contexto de exportación de productos y servicios en medio de una situación económica adversa, dominada en los últimos meses, entre otros factores, por el proceso de reestructuración bancario. El sector, sin embargo, ha salido muy reforzado. Permanecen las entidades más solventes y con mayor capacidad para aportar financiación, información y formación en la aventura de las empresas españolas en el exterior. Parece que todos ganan: éstas crecen más allá de un fatigado mercado interno; aquellas siguen aumentando su cifra de negocio gracias a la que se ha convertido en una de sus áreas más fuertes.
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En mayo de este año las páginas de información económica daban, por fin, una buena noticia: las exportaciones españolas habían superado a las importaciones en un mes por primera vez desde 1971, con la consecuente reducción del déficit comercial acumulado en el primer trimestre en un 62% respecto al mismo periodo de 2012. Y la cosa no acababa ahí. España se desmarcaba de las principales potencias exportadoras europeas, como Alemania, Francia, Italia o Reino Unido, que arrastraban caídas en sus ventas al exterior.
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Al margen de su brillo esperanzador, el dato debía tomarse con cautela. Sin embargo, parece sintomático de un cambio. La débil situación del mercado interior español, aquejado por un descenso en el consumo y la dificultad para obtener créditos, ha llevado a una buena parte de las empresas españolas, incluidas las pymes, a la búsqueda de nuevos horizontes donde ampliar sus proyectos empresariales.
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Incluso la prensa internacional se hizo eco de la situación española. The Economist resaltaba a mediados de año cómo la crisis había ayudado a algunas empresas españolas a crecer en el exterior. Recogía ejemplos de cómo las exportaciones y la apertura de negocios en otros países han hecho que los números corran con el viento a favor. La clave respecto a otros países de la zona euro como Francia o Italia radica en que en España se ha reconocido la necesidad de cambiar. Y que el camino pasa por la internacionalización y la innovación como bases de la estrategia empresarial.
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En este contexto, los bancos y cajas de ahorros se afianzan en su papel de facilitadores de la internacionalización. Incluso tras el reciente proceso de reestructuración de la banca española, la situación es de refuerzo. Lejos de interpretarse como una pérdida de competitividad, los responsables financieros ven un sistema más estable, en el que han quedado las entidades más sólidas y, por tanto, con mayor capacidad financiadora. No dudan tampoco en afirmar que la salida al exterior de las empresas no es una opción sino una necesidad.
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Todo ello arroja una nueva radiografía del mapa de exportaciones español donde la banca y otras entidades especializadas en la gestión del comercio exterior desempeñan un papel fundamental.
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Perfil de empresas y exportaciones españolas
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Volviendo de nuevo la vista sobre la noticia del crecimiento de las exportaciones españolas, es inevitable tomar nota de algunos comportamientos de las mismas, decisivos para su éxito y que pueden marcar la pauta para las empresas que decidan emprender el mismo camino. La ventaja que ha tomado el comercio exterior español respecto a otros países atiende a una diversificación geográfica y sectorial, algo que ha permitido al tejido empresarial internacionalizado gozar de cierta estabilidad a pesar de los cambios acaecidos en los últimos años en el comercio mundial.
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Si el dato del primer trimestre era optimista, el acumulado del primer semestre no hace sino confirmar la tendencia. Al menos, de momento. Así, entre enero y junio del presente año las exportaciones han crecido un 8% más respecto al mismo período de 2012, hasta sumar 118.722 millones de euros.
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En primer lugar, hay que analizar cuáles han sido los mercados más prósperos para dar salida a los productos y servicios de firma española. Y la perspectiva se abre más allá de los flujos naturales hacia la Unión Europea, que siguen siendo mayoritarios aunque pierden peso respecto a otros países. De hecho, las exportaciones a mercados no integrados en la UE fueron un 13,8 % superiores a las del mismo periodo del año anterior. Las cifras hablan por sí solas: las exportaciones a Asia se incrementaron en un 18%, a África en un 17,8%, a América en un 6,2%; a América Latina en un 9,4% y, finalmente, a Oceanía en un 36,3%.
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En el lado opuesto se encuentran las ventas en Europa. A pesar de su avance en este semestre, un 4,7% en el caso de las ventas a la Unión Europea y un 3,1% en el caso de la zona euro, suponen un porcentaje menor al habitual en el grueso de las exportaciones españolas. No obstante, cabe señalar que España está capeando la situación mejor que otros países próximos ya que en junio las exportaciones del conjunto de la Unión Europea cayeron un 0,9% y países como Francia, Italia o Alemania experimentaron un decrecimiento del 5,6%, el 2,7% y el 2,1%, respectivamente. Es más, el superávit comercial de España con la UE fue de 2.173,5 millones de euros, más de tres veces superior al de junio de 2012.
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La otra clave está en los sectores. Las comunicaciones, la construcción, la ingeniería, la aeronáutica… son campos estratégicos en los que España despunta. Los bienes de equipo encabezan las exportaciones (21,2% del total) y le siguen la alimentación (15,1%) y la industria del automóvil (14,5%). La moda, el turismo, los medicamentos… también forman parte de la extensa lista de exportaciones españolas. Así, mientras compañías fuertes lideran la expansión hacia el exterior, otras más pequeñas apuestan por seguir la misma ruta mientras se crean sinergias entre socios de negocio.
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Por ello, no sólo crecen las exportaciones, sino que también lo hace el número de empresas que apuestan por la internacionalización, que había experimentado un descenso entre 2008 y 2011. El último informe del ICEX sobre el “Perfil de la empresa exportadora española”, con datos actualizados hasta mayo de 2013, habla de 92.877 empresas exportadoras en España en los cinco primeros meses del año, que supone un incremento del 9,5% respecto al mismo período del año anterior. De ellas, 37.834 son exportadoras regulares, es decir, que han exportado en los últimos cuatro años consecutivos, algo más del cuarenta por ciento del total. En menos de medio año, la suma de las exportaciones supuso unos 97,8 millones de euros, un 7,4% más que en los cinco primeros meses de 2012.
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Más allá de la financiación
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Parece obvio que la buena marcha de un proyecto en el exterior debe asentarse en la calidad del producto o servicio ofrecido y tiene que responder a una demanda. Es el primer paso para obtener financiación. Sin embargo, la empresa que apuesta por internacionalizarse, especialmente en el caso de la pyme, busca además otro tipo de apoyos. Como en todo viaje a lo desconocido, las empresas requieren de un compañero que haga más fácil la travesía. Y es ahí donde entran en juego las entidades financieras, las instituciones y otros organismos que facilitan el crédito destinado a las operaciones internacionales y contribuyen a aminorar los riesgos en mercados complejos. Les brindan acceso a información, formación y, en general, acompañamiento.
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Cuestiones legales, barreras idiomáticas, pagos internacionales con cambio de divisa… son algunos de los obstáculos que las empresas han de salvar. Ante estas posibles adversidades, proliferan los productos y servicios internacionales para una mayor facilidad y cobertura de riesgos. Así, el mix resultante intenta satisfacer las necesidades de cada empresa a su medida, con la gestión remota de cuentas o la banca electrónica en cuanto a los servicios de cash management, o la disminución de riesgos con fórmulas de financiación sin recurso, como el factoring y el forfaiting. A ello hay que añadir servicios de consultoría, así como jornadas de formación y acceso a programas multimedia.
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El objetivo es que las empresas salgan al exterior con seguridad y garantías gracias a la gestión integral de sus necesidades. Y es evidente que la banca también se beneficia. Las grandes entidades bancarias españolas, con Banco Santander y BBVA a la cabeza, han experimentado un crecimiento de su área de internacional en los últimos tiempos. De hecho, en el caso de este último la actividad exterior supera netamente a la nacional y supone un 70% de los ingresos del Grupo. Destaca también la expansión de Banco Sabadell y de la Caixa. E, incluso de Bankia, que aunque con una presencia menor sigue apostando por la internacionalización como una de sus líneas de actuación prioritarias con las empresas. A ellos se suman otros como Unicaja, Caja3 o Mare Nostrum, así como bancos extranjeros arraigados en España como Deutsche Bank, Citi y Barclays, además de BMCE.
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La apuesta por la internacionalización se deja ver en los organigramas de las entidades, donde proliferan las oficinas especializadas y un grueso colectivo de agentes propios dedicados exclusivamente al comercio exterior, para labores comerciales, de acompañamiento y de seguimiento de las operaciones. Además, una parte importante de la labor que realizan se desarrolla sobre el terreno gracias a la apertura de oficinas en terceros mercados, que propicia una mayor facilidad en la gestión, así como un conocimiento mucho más exhaustivo del tejido empresarial local y de la legislación vigente.
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Otra de las muestras del interés por apoyar la internacionalización de las empresas es su materialización en productos específicos para tal fin, como el programa “Exportar para crecer” de Banco Sabadell, el Plan Exporta y Banco Santander, o la Cuenta de Comercio Exterior de Mare Nostrum.
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La gestión de préstamos ICO y líneas financiación fruto de convenios con otros organismos e instituciones como COFIDES o CESCE son otras líneas de acción muy generalizadas. Desde el punto de vista institucional, cabe señalar el programa ICEX Next, puesto en marcha en mayo de 2012 y que ha apoyado en su primer año de vida a más de seiscientas empresas en el proceso de iniciación a la exportación.
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Con todo, la mayoría de los expertos y responsables financieros apuntan la necesidad de una mayor cultura internacional, además de la necesidad de redoblar esfuerzos en la internacionalización de la empresa española.