La democratización del arte

La exposición en la casa de subastas Sotheby's de las 223 nuevas obras de Damien Hirst a subasta se ha convertido en todo un acontecimiento social


Damián Hirst es noticia. El “enfant terrible” del arte británico ha vuelto a salir a la palestra con una suculenta subasta tan provechosa para él  como mediática.
Arranca el mes de septiembre, los mercados financieros tiemblan, los sistemas económicos capitalistas ven como se desmoronan los bancos de inversión, como Lehman Brothers. En medio de este pronóstico, que ni Nostradamus lo pintaría más negro, el mercado del arte parece resistirse, con cierta chulería, a todo lo que esta ocurriendo a su alrededor.
Damián Hirst, autor británico de 43 años, ha querido realizar un doble desafío. En primer lugar, ha sacado al mercado  la producción de los dos últimos años, mediante una “venta directa”, por medio de una conocida casa de subastas. Así, ha desafiado el  sistema tradicional de mercado, el de las galerías, “puenteando”, como vulgarmente se conoce, a dos de sus marchantes, Larry Gagosian y Jay Jopling.
Lo que parece ser un claro desafío, ya que considera abusiva la comisión de los galeristas, lo tiñe de democratización, al considerar que esta venta resulta ser mucho más democrática. Quizá, lo que Hirst quiere decir es que así, con polémica incluida, la venta llega más lejos, ya que son nuevos mercados emergentes de economías construidas con el oro negro las que resultan tremendamente atractivas (Oriente Próximo, Rusia y países asiáticos…).
El doble desafío de Hirst también se mide en millones, ya que la subasta realizada por Sotheby’s ha resultado récord absoluto de venta en el remate de un único artista. Desde 1993, con la venta de 88 piezas de Picasso, esto no ocurría. De entre los 600 inversores que han pujado por su obra se ha conseguido la cifra de 200 millones de dólares.
Yo no sé si es más democrático realizar así la venta pero sí lo es la curiosidad, ya que ésta es gratuita y lo corrobora los miles de visitantes que se pasaron por la sede de subastas londinense.
Hirst ha desafiado a la crisis económica y al sistema tradicional de mercado del arte, saliendo victorioso, lo que le ha llevado a decir: “creo que el mercado es más grande de lo que cualquiera se imagina.. amo el arte… el futuro se ve genial para todos…”
Provocador, controvertido, la crítica tampoco se pone de acuerdo a la hora de evaluar su trabajo. Robert Hughes lo tacha de “chabacano” y “absurdo”, mientras nuevas fortunas parecen perder la cabeza por sus creaciones. Así, “The Gold/olden Calf” o “Becerro de oro” ha conseguido venderse por 10,35 millones de libras (al cambio unos 13 millones de euros). Un becerro conservado en formol, sobre un pedestal, con las pezuñas y los cuernos de oro y entre ellos un disco del mismo material que parece evocar a la vaca sagrada egipcia Apis.
El gusto por la muerte se manifiesta en la obra de Hirst. Puede que éste venga de sus años de estudiante en los que, de forma paralela, trabajó en un depósito de cadáveres.
Sea como fuere parece irónico que una vaca en formol parece entonar en tiempos de crisis el Carpe Diem…