CLAVES RIESGO PAÍS DE Cesce 7 – 13 SEPTIEMBRE
El encarecimiento de las materias primas y la tensión en las principales rutas marítimas han provocado un nuevo repunte de la inflación mundial, forzando a los bancos centrales a mantener políticas monetarias restrictivas. En paralelo, la intensa reconfiguración del comercio exterior enfrenta las iniciativas de desdolarización de los BRICS con las estrategias de seguridad de suministro de Estados Unidos y la Unión Europea.
La economía internacional se enfrenta a un escenario de alta volatilidad marcado por el colapso de nudos logísticos estratégicos y el impacto climático. El índice de precios de los alimentos de la FAO registró en agosto un incremento cercano al 2%, alcanzando los 133,3 puntos, su nivel más alto desde la crisis energética de 2022. Este repunte se explica por el bloqueo del estrecho de Ormuz, que ha disparado los costes del transporte marítimo y de los fertilizantes, junto con la interrupción de las exportaciones de grano en el mar Negro debido a los ataques sobre puertos ucranianos.
A la presión alimentaria se suma el grave deterioro de la seguridad en Oriente Medio, que ha catapultado la cotización del barril de Brent por encima de los 100 dólares tras un encarecimiento superior al 10% semanal. La toma de enclaves estratégicos por parte de milicias en el mar Rojo amenaza la navegación comercial por el estrecho de Bab el-Mandeb, un corredor vital por el que transita entre el 9% y el 12% del comercio mundial de petróleo.
En este contexto de presiones inflacionistas, donde la eurozona registró un IPC del 3,3% en agosto, el Banco Central Europeo (BCE) ha elevado los tipos de interés al 2,5%, adentrándose en terreno restrictivo para enfriar la economía. Las turbulencias financieras también sacuden a Asia; mientras Japón ve escalar el rendimiento de su deuda soberana a 10 años por encima del 3% ante posibles subidas de tipos hasta el 1,25%, China ha inyectado 56.000 millones de dólares para recapitalizar su sistema bancario y sostener el crédito frente a su crisis inmobiliaria.
Simultáneamente, el tablero del comercio internacional acelera su transformación. Durante la cumbre de Nueva Delhi, los líderes del bloque BRICS adoptaron una declaración conjunta orientada a crear una red de pagos transfronterizos alternativa al sistema SWIFT, buscando reducir la hegemonía del dólar estadounidense en los intercambios bilaterales y proyectando la visión de un «Gran BRICS».
Frente a la expansión asiática, las potencias occidentales rediseñan sus estrategias de inversión extranjera y suministro. La Unión Europea ha exigido a Pekín «resultados tangibles» y programas piloto antes de octubre para corregir un déficit comercial récord que supera los 360.000 millones de euros, amenazando con barreras arancelarias estrictas. Por su parte, Estados Unidos ha reforzado su presencia en Sudamérica, firmando acuerdos estratégicos con Colombia sobre cadenas de suministro de minerales críticos y tierras raras para asegurar su independencia industrial y contrarrestar la influencia china en los Andes.
La inestabilidad también asedia a las economías emergentes, destacando la aguda crisis de liquidez en Senegal. El país africano negocia in extremis un programa crediticio de 2.200 millones de dólares con el FMI mediante un plan de tratamiento de deuda, un movimiento que las agencias calificadoras ya catalogan como una «virtual certainty» de impago soberano.
Fuente: Cesce
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