En entornos internacionales es probable que las cuestiones de carácter ético sean las de más difícil resolución. ¿Por qué? Pues, sencillamente, porque no existen respuestas estandarizadas y válidas para todos y cada uno de los potenciales problemas a los que nos podamos enfrentar. Cada país -cada cultura- tiene su propia perspectiva ética -profundamente orientada por y arraigada en su perfil cultural-, de modo que, ante un mismo escollo ético, los puntos de vista suelen ser diferentes, divergentes, cuando no manifiestamente enfrentados.
Esto genera incertidumbre e inseguridad en los negocios internacionales, dando lugar a dudas éticas como, entre otras muchas, las siguientes:
– ¿Deberíamos invertir en un país que practica políticas atentatorias contra derechos humanos fundamentales y, de este modo, contribuir, directa o indirectamente, al mantenimiento de su gobierno e instituciones?
– ¿Deberíamos adoptar -o, incluso, obviar- las medidas de carácter medioambiental del país anfitrión cuando sabemos con certeza que en el nuestro estaríamos cometiendo un delito ecológico?
– ¿Deberíamos aplicar la legislación laboral del país anfitrión -salarios, horarios, bajas por enfermedad, medidas de higiene y seguridad laboral, trabajo infantil, etc.-, cuando en el nuestro tales condiciones laborales son éticamente reprobables y/o legalmente punibles?
Éstas y otras preguntas -que revolotean sobre muchas decisiones de deslocalización-, pueden resumirse de un modo genérico en el algoritmo ético de Donaldson, cuyo enunciado conviene recordar: '¿Es permisible una determinada práctica empresarial o profesional cuando ésta está moral o legalmente permitida en el país anfitrión pero no en el nuestro?'
Veamos, llegados a este punto, qué recomendaciones generales nos da la Training Management Corporation, de Princeton (EE.UU.), ante tal cuestión ética:
– Escenario I. El razonamiento ético del país anfitrión está relacionado con su desarrollo económico (por ejemplo: los niveles salariales son muy bajos debido a un desarrollo económico insuficiente).
Recomendación: La acción es permisible sólo si los miembros del país anfitrión la considerasen también permisible en condiciones económicas similares.
– Escenario II. El punto de vista ético del país anfitrión no está relacionado con su desarrollo económico. Las decisiones están basadas más en orientaciones culturales que en planteamientos o condicionantes económicos. (Por ejemplo: la contratación de personal está más influenciada por lazos familiares, de clan o de lealtad que por méritos o formación).
Recomendación: La práctica es permisible si la respuesta a las dos siguientes preguntas es «no»:
a) ¿Es posible hacer negocios en este país sin necesidad de caer en esta práctica inmoral/ilegal?
b) ¿Es esta determinada práctica una clara violación de algún derecho internacional y/o humano fundamental?
Estas cuestiones son, por así decirlo, de carácter corporativo. Pero, ¿qué ocurre con la conciencia ética del directivo o profesional que debe enfrentarse cara a cara y a nivel personal con el dilema ético? ¿Existe algún tipo de recomendación para salir airoso de semejante trance?
Sí, la hay. Lax y Sebenius desarrollaron un test de cinco cuestiones elementales, pero muy efectivas, para ponernos delante del espejo ético:
1. ¿Estoy siguiendo reglas conocidas, comprendidas y aceptadas por todos? (En muchos juegos de naipes, por ejemplo, todos los jugadores saben que los faroles forman parte del juego).
2. ¿Me siento cómodo defendiendo mi posición? ¿Me gustaría que mis amigos me vieran? ¿Y mi mujer, mis hijos o mis padres? ¿Cómo me sentiría si mi acción fuese portada de los periódicos?
3. ¿Cómo me sentaría si alguien me hiciese lo que estoy haciendo? ¿Y si fuese a alguien querido?
4. ¿Qué opinaría si todo el mundo se comportase como yo? ¿Creo que la sociedad resultante sería deseable? Si fuera el responsable de dirigir una organización, ¿querría que mis colaboradores actuasen así? ¿Le enseñaría a mis hijos a hacerlo?
5. ¿Hay alternativas a mi actuación que sean éticas? ¿Realmente me he molestado en encontrarlas y defenderlas? ¿Por qué no lo he hecho?
La corrupción y, en general, los dilemas éticos son una variable crucial en los negocios internacionales y, como hemos visto, de difícil, aunque en modo alguno imposible, resolución. En entornos internacionales el factor cultural juega un papel decisivo e, insisto, los planteamientos éticos están profundamente orientados por aquél. De modo que una regla de oro para afrontar con garantías de éxito las cuestiones éticas en los negocios internacionales es ésta: conozca lo mejor posible la cultura del país. Le dará valiosísimas pistas acerca de sus parámetros éticos.