La Administración Trump abre la puerta a la venta de cazas F-35 a Turquía y redibuja el equilibrio estratégico en la OTAN

Fotografía de archivo libre de derechos creada por Terence Burke en Unsplash.

Defensa y Geopolítica Global

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado que su administración considerará la venta de aviones de combate F-35 a Turquía, revirtiendo la exclusión de Ankara del programa. La decisión busca realinear a un socio estratégico clave, pero genera importantes repercusiones industriales y de seguridad para los aliados europeos, con un impacto directo en los intereses de España en el Mediterráneo.


La política exterior de Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump ha ejecutado un nuevo giro estratégico que podría alterar de forma significativa el equilibrio de poder en el flanco sur de la OTAN. En una declaración emitida el 7 de julio de 2026, el mandatario estadounidense confirmó que Washington está dispuesto a «considerar» la reincorporación de Turquía al programa del caza de quinta generación F-35 Lightning II. Este movimiento supone un cambio drástico respecto a la política de la anterior administración, que expulsó a Ankara del consorcio en 2019 tras la adquisición del sistema de defensa antiaérea ruso S-400.

Un giro pragmático en las relaciones transatlánticas

La decisión de la Casa Blanca se enmarca en un enfoque diplomático eminentemente transaccional, orientado a recuperar la influencia sobre un socio de importancia geoestratégica crítica. La exclusión de Turquía del programa no solo generó una profunda crisis en el seno de la Alianza Atlántica, sino que también impulsó a Ankara a explorar alianzas alternativas y a desarrollar su propia industria de defensa con mayor autonomía. Fuentes de la administración estadounidense sugieren que el objetivo principal es alejar a Turquía de la órbita del Kremlin y reforzar la cohesión de la OTAN frente a las crecientes tensiones en Oriente Medio y el Mar Negro. No obstante, el levantamiento del veto estaría condicionado a garantías sobre la no integración operativa de los sistemas S-400 con la tecnología del F-35.

Implicaciones para España y la industria europea

Aunque la medida busca fortalecer la OTAN a nivel global, para los socios europeos como España las consecuencias son complejas y de doble filo. La reincorporación de Turquía, que antes de su expulsión fabricaba más de 900 componentes del F-35, supondría la readmisión de un competidor industrial de primer nivel. Esto podría reconfigurar las cadenas de suministro de defensa en las que participan empresas europeas. Para España, que opera en el programa del Eurofighter Typhoon y contempla la adquisición del F-35B para su Armada, el principal impacto es geopolítico. Un ejército turco equipado con cazas de quinta generación consolida su superioridad aérea en el Mediterráneo oriental, un área de vital importancia para la seguridad energética y las rutas comerciales españolas.

El prisma económico: de la inversión a la logística

Desde una perspectiva macroeconómica, el acercamiento entre Washington y Ankara ofrece un escenario más predecible para las empresas españolas con intereses en Turquía. La estabilización de las relaciones podría tener un efecto positivo en la lira turca y en la confianza de los inversores. Entidades financieras españolas con una fuerte exposición al mercado turco, como BBVA a través de su participación en Garanti BBVA, se verían directamente beneficiadas por una reducción de la prima de riesgo país. Además, una Turquía firmemente anclada en la estructura de seguridad occidental es un factor de estabilidad para los corredores logísticos que conectan Europa con Asia, un dato clave para las exportaciones españolas. La decisión, por tanto, representa un complejo cálculo entre el riesgo estratégico en el Mediterráneo y la oportunidad de una mayor estabilidad económica en un mercado emergente clave para España.

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