Fernando Carderera Soler, embajador de España en estonia y finlandia desde octubre de 2000, califica de extraordinarias las transformaciones registradas en el país báltico y asegura que cuesta imaginarse que la estonia actual pudiera ser hace once años una república soviética.
Desde la embajada, se anima al empresario español a que contribuya activamente en este proceso de reestructuración económica de tan excelentes resultados, puesto que las condiciones para realizar negocios en el país son óptimas.
En poco más de diez años, desde la recuperación de su independencia en 1991, las transformaciones registradas en Estonia pueden calificarse de extraordinarias. Casi desde el primer momento, el Gobierno de Estonia aplicó un programa económico en estrecha colaboración con el Fondo Monetario Internacional para estabilizar su economía. Entre las medidas acordadas, cabe mencionar la imposibilidad de aprobar presupuestos públicos con déficit y la vinculación de la corona estonia primero al marco alemán y luego al euro.
También se adoptaron importantes reformas estructurales cuyo eje central era la liberalización de la economía y que incluyó un ambicioso programa de privatizaciones.
Estonia es un país con 45.227 km2 y algo menos de 1.400.000 habitantes. Su PIB por habitante era en 2001 de unos 4.400 euros y cuenta con una población bien formada y con buena cualificación profesional. Los dos grandes objetivos de la política exterior de Estonia son su adhesión a la Unión Europea y su adhesión a la OTAN.
Fernando Carderera Soler, embajador de España en Estonia.
Las relaciones bilaterales entre España y Estonia se han desarrollado de manera satisfactoria durante los últimos diez años. Cabe destacar un aumento en el comercio bilateral, que sigue teniendo sin embargo, un volumen modesto, así como una mayor frecuencia de contactos y visitas políticas, entre las que cabe destacar las visitas del Ministro de Asuntos Exteriores Josep Piqué en abril de 2001, la del Presidente del Gobierno en septiembre de 2001 o la del Presidente de la Generalitat de Cataluña en junio de 2001.
Nuestro comercio con Estonia ha aumentado de manera notable desde 1995, pero sigue teniendo un volumen modesto con 35 millones de euros de exportación española y 111 millones de euros de importaciones procedentes de Estonia. España ocupa por lo tanto, un lugar discreto en el comercio exterior de Estonia, en vigésimo quinto lugar como cliente y en vigésimo cuarto como suministrador. Por el momento, la inversión de capital español en Estonia ha sido prácticamente simbólica.
A pesar del pequeño tamaño de mercado, hay notables posibilidades para el exportador o el inversor español, que se encontrarán con un mercado liberalizado, con un marco jurídico que protege a la inversión extranjera y con unos niveles salariales atractivos. El empresario español está objetivamente, en buenas condiciones para realizar negocios con Estonia.
Estonia está recuperando lentamente el patrón industrial anterior al periodo soviético: la industria ligera (textiles y productos transformados de la madera, principalmente), que está recuperando su peso tradicional en la economía, junto con los servicios asociados al tránsito de mercancías y las nuevas empresas en el campo de la electrónica y telecomunicaciones, desarrolladas al amparo de subcontratataciones de las grandes empresas nórdicas de telecomunicaciones (Ericsson y Nokia), constituyen los sectores más activos de la economía estoniana.
El inversor o exportador español se encontrará con un mercado liberalizado que protege la inversión extranjera.
La inversión en subcontratación en cualquiera de estos sectores continúa siendo rentable, dados los todavía bajos salarios, en relación con el nivel de cualificación, de la mano de obra local (el salario bruto medio mensual se encuentra por debajo de los 350 euros).
El fabricar productos textiles y muebles para reexportar es una estrategia que ya están utilizando empresas finlandesas. Tal vez, en el caso de empresas españolas, quepa pensar en las posibilidades de inversión en la industria forestal como posible fuente de suministro de la industria española del mueble, siempre teniendo en cuenta, eso sí, que, aún siendo los bosques la principal riqueza natural del país, éstos son mayoritariamente bosques de coníferas y abedules.
Otros sectores con proyección son la industria turística y los servicios relacionados con el tráfico de mercancías este-oeste, al menos mientras los flujos de exportaciones de materias primas (principalmente gas y petróleo) procedentes de Rusia continúen pasando por territorio estoniano (los proyectos de ampliación del Puerto de S. Petersburgo y del desarrollo de nuevos oleoductos podrían limitar esta expansión).
Estonia es un país moderno y totalmente occidental.
La instalación de fábricas de cualquier otro producto de consumo también podría ser rentable dentro de una estrategia de suministro a toda la región báltica desde territorio estoniano, pues los costes laborales en los países nórdicos son comparativamente mucho más elevados y en los mercados de los demás países vecinos (Letonia, Lituania, Polonia…) existe un notable potencial de crecimiento.
Desde el punto de vista de la exportación, cabría destacar la posibilidad de exportar equipamiento industrial para el sector agrícola, que si bien ha reducido su participación en el PIB, todavía constituye un importante pilar de la economía. El suministro de bienes de consumo de toda índole y especialmente de productos agrícolas que no se producen en la región, también debería aumentar, aunque en el primer caso hay que señalar que algunos otros países con una imagen de producto-país muy consolidada ya se encuentran implantados en el país (zapatos italianos, perfumes franceses…)
En el caso de las empresas españolas, cabe pensar en las posibilidades de inversión en la industria forestal.
Todo hace indicar que Estonia será capaz de terminar sus negociaciones de adhesión a la UE a finales de este año, lo que debería permitir su adhesión a la misma a comienzos de 2004. Cuando se visita Estonia por primera vez, impresiona pensar que lo que ahora es un país moderno y totalmente occidental, era hace once años una República Soviética. Los cambios se producen con tal intensidad, que el Tallinn que visité por primera vez en noviembre de 2000, es bastante distinto del que uno se encuentra ahora. Espero que estas reflexiones sirvan para animar a nuestras empresas a asumir un papel más activo en el proceso de transformación y crecimiento de la economía de Estonia.
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