Como si el invierno nórdico fuera insuficiente, el Banco Central de Estonia trajo en las postrimerías de 2003 un soplo de aire fresco a la minúscula economía del país, ante el alarmante desequilibrio de la báscula comercial, piedra en el zapato de la economía estonia y el crecimiento vertiginoso en los últimos tres años del nivel de empréstitos. Este tirón de orejas a los bancos comerciales prevé un recrudecimiento de las condiciones para obtener préstamos y un análisis de riesgo más detallado, así como propuestas al Gobierno de revocar la devolución de los impuestos sobre la renta de los intereses de los préstamos asociados a la vivienda.
Según Vahur Kraft, presidente del Banco Central, el objetivo fue enviar un mensaje, tanto a los bancos como a los ciudadanos, para corregir una visión «demasiado optimista» del futuro. Esta postura ha sido secundada por muchos políticos, que aprueban una directiva fiscal conservadora y temen arriesgar el crecimiento económico del país en el caso de una subida de los intereses bancarios. Tanto Hansapank, como Eesti Ühispank, los dos bancos más importantes del país, han apoyado las medidas que reducen la competencia en el sector inmobiliario, causa principal de la «guerra de intereses», por la que ambos han visto mermadas sus ganancias. ::
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