Entrevista con José Alberto Azcona Olivera, consejero económico y comercial de la Embajada de España en Washington DC»La competencia en Estados Unidos es como uno de los diez mandamientos»

– ¿Cómo valoraría el intercambio comercial entre España y los Estados Unidos en estos últimos años? ¿Cuáles son las previsiones para el presente año 2004?
Lo más importante que hay que resaltar es el carácter tan modesto que tienen nuestros intercambios. Nosotros exportamos a los Estados Unidos en el último año cerca de 6.100 millones de dólares e importamos 5.935 millones de dólares. Así, lo que vendemos a los Estados Unidos sobre el total de lo que vendemos al resto del mundo es sólo un 4%. Las cifras de importación arrojan el mismo porcentaje, lo que indica que las relaciones comerciales no son muy significativas y que hay muchísimo margen de mejora cuantitativa y cualitativa.
Los principales capítulos de nuestra exportación al mercado americano han sido, por citar algunos, la maquinaría mecánica, los elementos químicos orgánicos, la maquinaria eléctrica y vehículos. Las importaciones se centran en la maquinaria mecánica, instrumentos y aparatos de óptica, instrumentos de navegación aérea o espacial, semillas y frutas oleaginosas y maquinaria y aparatos eléctricos. Puede resultar chocante que exportamos e importemos la misma categoría de productos, sin embargo España importa productos más acabados a los Estados Unidos, quienes a su vez nos suministran de bienes semielaborados para su fabricación con mayor contenido tecnológico y valor añadido.
Las previsiones para el ejercicio en curso no parece que vayan a ofrecer cifras sustancialmente distintas a las del año 2003, sin embargo habrá que esperar para ver el impacto que, lógicamente, tiene en nuestras ventas la elevada cotización del euro con respecto al dólar.
– ¿Cómo se podría animar al empresario español a que dirigiera su actividad comercial al mercado estadounidense?
Se le puede animar diciéndole dos o tres verdades. La primera es que la presencia en Estados Unidos no es particularmente más difícil que la presencia en algunos de los mercados de la UE. En el país norteamericano, las normas son distintas pero no son imposibles y me refiero a normas técnicas, fitosanitarias y a aranceles bajos. Frena mucho el idioma, que es un obstáculo que debe superar el exportador. También asusta la feroz competencia que hay en este mercado, que se realiza tanto a través de la calidad como de los precios, pero éste puede ser un factor positivo. El hecho de estar allí, por decirlo de alguna forma, espabila muchísimo al exportador, lo primero porque probablemente haga un buen negocio y lo segundo porque adquiera unas características como vendedor que le hagan ser muy competitivo de vuelta a su mercado de origen. La competencia aquí es casi como uno de los diez mandamientos. Un tercer elemento muy positivo que tiene este mercado es que se aprenden muchísimas técnicas de venta, márketing y publicidad, así como la manera de incorporar innovaciones tecnológicas al proceso de producción, lo que se denomina «contagio tecnológico».
Y una última ventaja que añadiría es el hecho de que Estados Unidos es una plataforma muy importante para la colocación de productos hacia otros países que por su propia naturaleza no están tan abiertos a España o a la UE. Me refiero en concreto al acuerdo NAFTA, que tienen Estados Unidos, México y Canadá, o el acuerdo de Libre Comercio con las Américas, ALCA, que constituirá una zona de libre cambio entre casi todos los países del norte y el sur de América.