El tequila en México no es solamente una bebida. Es también parte de la magia de México y de su historia. Una historia contada, como todas las que nos tocan el alma, en forma de leyenda. Y ésta cuenta que un día el dios Quetzalcoatl, que es al mismo tiempo viento y serpiente emplumada, preocupado por la tristeza que dominaba a los hombres y mujeres de la tierra, tuvo la ocurrencia de alegrar al mundo con la belleza de la hermosa diosa doncella Mayahuel. Para conseguirlo, entró a la habitación de Mayahuel, le susurró palabras dulces al oído y ella se deslizó, enamorada, sobre las espaldas del viento.
La abuela de Mayahuel, encargada de cuidarla, montó en cólera y fue en su búsqueda con un ejército de estrellas. Al verlos, Quetzalcoatl alzó en sus brazos a Mayahuel y se convirtió en árbol de dos ramas. La irritada abuela ordenó que lanzaran sobre el árbol disparos de fuego que hicieron arder las ramas de aquel árbol. Una vez que la abuela y su ejército regresaron a los cielos, Quetzalcoatl salió del tronco y desconsolado, recogió y enterró las ramas que eran los huesos de Mayahuel. En ese sitio, pronto nació la planta del Agave, de cuyo corazón brota el agua sagrada que terminó con la tristeza de los hombres y mujeres de la tierra.
A la llegada de los españoles, aquella agua sagrada fue sometida a un proceso de destilación del que surgió el Tequila que se produce en México, tierra de leyendas, magia, amor y sabor.
El paisaje agavero y las antiguas instalaciones industriales forman parte del Patrimonio de la Humanidad. Recorrerlo es una excelente oportunidad para conocer la historia del Tequila, su riqueza artística y sus tradiciones populares. La Ruta del Tequila, coordinada por el Consejo Regulador del Tequila (CRT), comprende desde Santa Cruz del Astillero cubriendo los municipios de Arenal, Amatitán, Tequila y Magdalena. Dentro del paisaje agavero se encuentran destilerías en funcionamiento que reflejan el crecimiento del consumo internacional de Tequila a partir del siglo XIX. Originalmente, los hornos eran de estilo precolombino. En la actualidad, la mayoría de las fábricas activas usan hornos de presión. También, han cambiado los procesos de destilación, pasando de la forma más rústica, alambiques hechos de barro, a los que se utilizan ahora, que son de acero inoxidable.
Los cultivos de Agave se basan en particular en el llamado Agave Azul tequilana Weber, conocida como Agave azul, mezcal o maguey. La planta Agavaceae es procedente de América. Su origen ha sido trazado desde el valle del Río Grande, cerca del poblado de Tequila. Ha sido cultivado por cerca de 2.000 años y, actualmente, no existen plantas silvestres de Agave azul.
Esta planta tiene largas hojas espinadas que crecen desde una base central. A lo largo de un periodo, de entre siete y diez años, la piña se va formando en el centro de la planta. Ésta es jimada mediante el corte de las hojas desde la base. La piña es cocida en hornos y produce jugos dulces que, posteriormente, se fermentan y destilan en alambiques. Finalmente, el licor es envasado para ser vendido como Tequila, después de que algunos han sido añejados en barricas de madera.
Su producción y técnica son un verdadero ritual y la convierten en una bebida única en el mundo. Su gran riqueza aromática y su fuerte gusto se ha ido imponiendo poco a poco por todo el mundo. Los tequileros unidos convirtieron a esta bebida jalisciense en el símbolo más representativo de México y ahora se enfrentan a nuevos retos para incrementar su mercado.
Dicen los expertos que el Tequila no se debe tomar de un sólo trago, sino que debemos dejar que el licor entre en contacto con la punta de la lengua, se deslice por las pupilas gustativas e inunde nuestro paladar.