El desarrollo de nuestro país depende de condiciones externas, tanto políticas como económicas. Nuestro país se encuentra en el centro de Europa, pero el proceso íntegro de desarrollo de nuestra historia hasta la actualidad fue influenciado de manera decisiva por el hecho de encontrarnos entre dos mundos. Representabámos la parte más occidental del elemento eslavo en Europa, y por eso, éramos ese anillo que unía el elemento germánico al eslavo. Y no se ha tratado siempre de años felices, al contrario, ha habido años de antagonismo duro y despiadado.
Como hace no muchos años, cuando aún nos encontrábamos al otro lado del telón de acero, y nuestra economía, nuestros contactos económicos y nuestra capacidad de producción vivían una fuerte presión. El efecto de las condiciones exteriores por lo tanto, sobre todo a la hora de instaurar condiciones favorables al desarrollo de contactos económicos y culturales, es históricamente importantísimo.
No somos un país pequeño, ni siquiera en el contexto europeo, pero la vecindad de grandes pueblos en el cruce europeo más frecuentado es palpable y tiene sus consecuencias. Eso no puede pasar inadvertido.
Si consideramos por un momento, desde otra perspectiva, nuestra posición geográfica, veremos claramente que la ubicación en el «techo de Europa» también puede ser un problema. Si consideramos la situación actual de la red hidrográfica, todo parece más claro. Después de las catastróficas inundaciones del año pasado, hoy nos enfrentamos a la que quizá es la mayor sequía. De repente, nos damos cuenta de que si en algunas regiones la abundancia de recursos hidrográficos puede ser un límite al desarrollo, para nuestro país, donde nunca hubo problema tan grande, ese mismo aviso puede significar que el agua podría empezar a faltar. Ahora, sobre todo, observamos los sectores en los que la economía moderna necesita el agua. Sin agua no se produce ni electricidad, ni acero, ni textil, ni productos químicos ni otros. Y no tendríamos la posibilidad de utilizar ni los icebergs ni las reservas del agua marina. Todo eso nos sitúa en una posición totalmente diferente a la anterior, y demuestra la necesidad de la colaboración internacional.
Estos problemas tampoco son de tal magnitud que tengamos que resolverlos inmediatamente, pero, de momento, nos enseñan lo que podría pasar en el futuro. No tenemos que resolverlos ahora mismo, pero ya desde ahora tendríamos que considerar sus posibles consecuencias y estudiar las soluciones necesarias, y lo que hagamos hoy hace falta considerarlo en primer lugar para que la situación no empeore en el futuro.
Aunque la gente no lo quisiera admitir, estamos claramente ligados a las relaciones internacionales, y ese vínculo sigue creciendo. Es posible que ese proceso sea demasiado rápido, más rápido de lo que nos permita cambiar nuestras costumbres y estereotipos. No nos sorprende si comparamos el periodo actual a la situación anterior al año 1989, a la clausura descomunal de la sociedad de entonces y a la xenofobia de ese periodo. Hoy nos encontramos absolutamente en otra posición.
Tenemos muchísimas más posibilidades de encontrar representantes de otras culturas y de otras etnias, y también contamos con un número incomparablemente más alto de contactos de trabajo y de negocio. Somos, en gran medida, parte de la cultura europea en el sentido más amplio del término, a muchos niveles nos hacemos oír, comunicamos nuestras opiniones, somos un partner solicitado en los negocios. Todo esto y muchas otras actividades permiten a los demás conocer nuestro país.
Eso tiene y va a tener una gran importancia en el futuro. Ya a día de hoy, las exportaciones checas representan más o menos el 60% de nuestro PIB y ese porcentaje sigue aumentando, porque las exportaciones crecen más que el PIB, y eso es bueno. La apertura de nuestra economía crece rápidamente, pero hay todavía un largo camino hasta alcanzar a los países desarrollados de nuestro tamaño. Se observa que nuestra economía tiene algo que ofrecer al comercio internacional, que es sin género de duda un socio solicitado. Eso es también una prueba de que nuestras empresas saben responder a las necesidades de los clientes de mercados exigentes, si consideramos que más del 60% de nuestras exportaciones está dirigido a los países de la UE.
Por otro lado, estos números indican también en qué medida el desarrollo económico de nuestro país depende del comercio internacional y de las condiciones reales posibles de ese mismo comercio. Pues, quién si no nosotros tendría que tener interés para que en el comercio internacional existieran reglas claras para la libre circulación de mercancias, capitales etc., para atenuar las consecuencias de eventuales turbulencias o especulaciones en el movimiento de capitales.
No creo que nuestro futuro, pienso ahora en los países desarrollados, se desarrolle sin problemas, sobre todo cuando se trate de las relaciones con los países menos desarrollados. Si no encontramos una manera más correcta de negociar, en particular en ciertos asuntos, podemos enfrentarnos a una serie de crisis, de catástrofes humanitarias y tensiones continuas. Las amenazas del terrorismo internacional no se limitan a algunos países desarrollados, pueden englobar a otros estados.
Las cuestiones a las que hace falta enfrentarse en el comercio internacional son de variada índole y creo firmemente que tendremos que comunicarnos recíprocamente de forma más concreta en el futuro y tendremos que intensificar los esfuerzos para comprendernos. También en el comercio internacional, ¿dónde si no?, tendremos que encontrar espacio para moderar la creciente polaridad de la riqueza en los países ricos y pobres. Ese es uno de los problemas de mayor actualidad, que aquí en Europa, por así decirlo, ya llama a la puerta.
Creo, por lo tanto, que en los próximos años tendremos que profundizar en el tema de la ampliación y de las condiciones para el comercio internacional. Finalmente, de esas mismas condiciones dependerá hasta el más sencillo de los negocios. Posteriormente, tendremos asuntos mucho más importantes de colaboración. Se trata de una colaboración cada vez más profunda, directamente en la producción y en la constitución común de una unidad de capital.
Bien lo demuestran las experiencias que traje de mis viajes. Los países que fueron tradicionalmente nuestros partners de negocios, sobre todo en los países menos desarrollados, no están interesados sólo en importar o exportar mercancías, sino que quieren robustecer su potencial industrial, quieren reinvertir los beneficios, etc. Pero para eso es necesario también un clima de confianza recíproca y comprensión, tanto entre los empresarios como en las relaciones internacionales.
Por eso es nuestro interés mantener buenas relaciones con nuestros partners extranjeros e ir creando condiciones favorables al desarrollo de las actividades económicas. En este sentido, es necesario vislumbrar el cometido de los políticos y encontrar e identificar en seguida los principales problemas estratégicos y conseguir resolverlos.::
Vladimir Å pidla, primer ministro de la República Checa
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