Es axiomático que la empresa internacional tiene todos los problemas que tiene una empresa doméstica (que, con la globalización del comercio, cada día son menos), con el añadido de las complicaciones internacionales. ¿Qué tipo de persona es la más adecuada para enfrentarse a una tarea de esta índole?
Lo primero que tiene que poseer un director internacional, y veremos que será un sine qua non para llevar a cabo su trabajo, es la conciencia de que las costumbres en el extranjero van a ser distintas (ni mejores, ni peores simplemente distintas) a las suyas, y que esta variación puede afectar, en mayor o menor grado, su actividad empresarial.
La incapacidad de reconocer que la cultura que adquirimos desde nuestra niñez no es la única, se llama criterio de auto referencia y es el más grave error que suele cometer un director internacional.
Da igual que los conductores, en un país determinado, circulen por la derecha o por la izquierda (siempre que todos estén de acuerdo, claro). Pero, el mero hecho de que en nuestro país se circule por la derecha no implica que en otros muchos (incluidos el Reino Unido y Japón) se circule por la izquierda.
Pues bien, un directivo internacional necesita una gran flexibilidad mental. Antes de saber que no todo el mundo conduce por la derecha, tiene que contemplar la posibilidad de que, en algunos países, se conduce por la izquierda. En la gran batalla automovilística de los años '70, los japoneses fueron los que primero se molestaron en hacer las modificaciones necesarias en la línea de producción para colocar el volante también a la izquierda, para facilitar la exportación. A Ford, GM, y Chrysler, parece que nadie se dio cuenta que competir con Japón suponía conocer el mercado extranjero como conocer el suyo propio.
Después del cambio de idioma, lo cual es una enorme barrera a superar, quizá el aspecto cultural que más debe tener presente el director internacional es la religión. Para empezar, un director internacional ignorante de preceptos religiosos se va a encontrar con muchas complicaciones nada más planear la jornada laboral. El turno preferido es de lunes a viernes, ¿no? Pues, depende. Nuestro fin de semana se arraiga en que el día de culto cristiano es el domingo, tradicionalmente un día de descanso. Y la víspera, siendo preparativa, y dependiendo del lugar y de la profesión, puede ser laboral o no. Así que no nos sorprende encontrar tiendas que cierran el sábado todo el día (o por la tarde) o el domingo entero. Se ve, entonces, que una tarea aparentemente simple como asignar la jornada laboral implica empezar con una mentalidad internacional o sufrir unas consecuencias posiblemente desastrosas.
Además de la religión, el director internacional querrá aprender nuevos e importantes aspectos de marketing, como, por ejemplo, que los significados de los colores no son universales. ¿Creía usted que el mundo entero se viste de negro para el luto? De hecho, en algunos sitios el color de luto es blanco (Asia oriental) o violeta (Brasil).
En fin, el director internacional no tiene que saber todo, pero tiene que saber que su puesto es mucho más complicado que el del director que sólo trabaja en un país, con un idioma, con trabajadores homogéneos y de la misma cultura y religión que él. Una vez que abra su mente empezará a solucionar, y hasta prevenir, problemas propios del contexto internacional.
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