De todas partes nos llegan trucos para no equivocarnos en el cambio a euros: ¿Sabía que 1000 pesetas son 6 euros? ¿y que sólo tiene que dividir una cifra en pesetas en miles para conocer, sin calculadora, su valor en la nueva moneda? También contaremos con calculadoras y tablas de conversión. Todas estas ideas son prácticas y, junto a las campañas institucionales y la información que nos proporcionan oficinas bancarias, asociaciones de consumidores, grandes superficies y medios de comunicación, seguro que ayudarán a que, en poco tiempo, el euro sea un elemento habitual en nuestra vida diaria.
Europay Internacional, licenciataria de MasterCard y Maestro en Europa, se planteó la necesidad de conocer las percepciones y expectativas de comerciantes y consumidores ante la llegada de la nueva moneda y realizó un estudio cualitativo en grandes y pequeños comercios y entre usuarios de tarjetas.
Los principales problemas que los encuestados destacaron respecto a la introducción del euro, fueron la dificultad del redondeo y del cálculo decimal, el temor a posibles engaños, la incomodidad de uso de algo desconocido y la lentitud en el pago. Por eso, la mayoría de ellos proyectaron espontáneamente un mayor y más intensivo uso de las tarjetas de crédito en los pagos en comercios, por «comodidad, al no tener que manejar dos monedas» y por «seguridad, ante la falta de habilidad, las equivocaciones, los posibles engaños…» .
También organizaciones de consumidores y representantes de grandes superficies comerciales aconsejan el empleo de la tarjeta como fórmula «de confianza» para que el ciudadano se incorpore al manejo de euros, especialmente en la fase de transición. Pagando con tarjeta el redondeo no existe, el cambio pesetas/euros es exacto y el estudio posterior del extracto bancario dará más tiempo para «comprender» el nuevo contexto.
Otra de las conclusiones que podemos extraer del citado estudio es la actitud de espera pasiva que se experimenta ante la llegada del euro, que se percibe como un «problema común a todos» e inevitable, sobre el que hay poca información. También se muestra que el tema preocupa más a los mayores, con cierta nostalgia por la peseta, que a los jóvenes, con una actitud más confiada y pasiva, y mucho más a las mujeres, tradicionalmente encargadas de la compra diaria, que a los hombres, con una perspectiva más global y despreocupada del día a día del dinero.
Del estudio de Europay Internacional se deduce también que la llegada del euro se percibe como un acontecimiento lejano, ante el que se manifiesta «resignación ante un hecho asumido» y que la moneda se siente aún como «de ninguna parte». El uso de la tarjeta, especialmente en los primeros meses de la incorporación de la moneda, se define como una manera «amable, cómoda, segura y conocida» de iniciar esta nueva etapa.