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Economía Global
La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, ha asegurado que la resiliencia global frente al cierre del Estrecho de Ormuz ha superado las previsiones, gracias a la diversificación de suministros y el impulso inversor de la inteligencia artificial. No obstante, advirtió sobre el deterioro fiscal y el estancamiento de la desinflación como principales riesgos en el horizonte.
La economía global ha demostrado una capacidad de resistencia superior a la inicialmente proyectada frente al severo shock energético derivado de la crisis en Oriente Medio. Así lo ha manifestado este martes la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, en una comparecencia previa a la reunión de ministros de Finanzas del G20 que se celebrará la próxima semana en Asheville (Carolina del Norte). Según Georgieva, la coyuntura actual se define por un «cabo de guerra» entre el impacto negativo del conflicto y el impulso expansivo que está generando la inteligencia artificial.
Resiliencia energética y el impulso de la IA
Georgieva detalló que el crecimiento mundial «hasta el momento, ha resistido bien al choque de energía causado por el cierre del Estrecho de Ormuz, mejor de lo que temíamos». Esta resiliencia se atribuye a una combinación de factores, incluyendo el uso de reservas estratégicas de petróleo y gas por parte de varias naciones, un aumento de la oferta desde países no ubicados en la región del Golfo Pérsico y un incremento en la capacidad de producción de energías renovables. Esta diversificación ha sido clave para economías altamente dependientes de las importaciones energéticas, como la española, que a su vez ha contribuido a la estabilidad del bloque europeo con su creciente capacidad renovable. La directora del FMI también mencionó una reducción de la demanda de combustibles fósiles y el retorno temporal al carbón en algunos mercados como elementos estabilizadores.
En el lado positivo de la balanza, el auge de la inversión en inteligencia artificial en Estados Unidos está fortaleciendo los beneficios empresariales y la demanda de los consumidores. Un ciclo inversor cuyos efectos se extienden más allá de las fronteras estadounidenses, beneficiando a otros países mediante la construcción de centros de datos —un sector en clara expansión en España— y a través de la cadena de suministro global de hardware.
La amenaza de la deuda y el estancamiento de la desinflación
A pesar del optimismo moderado, Georgieva advirtió de que los riesgos para las perspectivas de crecimiento, aunque más equilibrados que en abril, siguen inclinándose a la baja. La principal preocupación se centra en el deterioro de la situación fiscal en varias economías, un factor que se manifiesta en el aumento de los rendimientos de los bonos soberanos y que amenaza con paralizar el proceso de desinflación mundial. Para las empresas españolas con vocación exportadora y alta exposición a los mercados de capital, este encarecimiento de la financiación soberana supone un riesgo latente de endurecimiento de las condiciones crediticias a nivel global.
El crecimiento, según la directora gerente, sigue «resistiendo a vientos frontales poderosos» que provienen de los «elevados niveles de endeudamiento, una inflación resiliente y las tensiones comerciales». Esta coyuntura alimenta la posibilidad de que los bancos centrales se vean obligados a mantener políticas monetarias restrictivas durante más tiempo para controlar la inflación, lo que a su vez podría frenar la actividad económica y la inversión a medio plazo.
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