Competitividad Industrial
El Club de Exportadores, a través de una nota técnica, alerta de que el Sistema de Comercio de Emisiones (ETS) y el Mecanismo de Ajuste en Frontera (CBAM) están generando un «shock de costes» que resta competitividad a la industria europea, proponiendo una moratoria de ambos instrumentos.
El Club de Exportadores alerta de un «shock de costes» por la política climática de la UE
La estrategia de descarbonización de la Unión Europea está generando una seria amenaza para la competitividad de su tejido industrial. Según una Nota Técnica elaborada para el Club de Exportadores por Antonio Merino, técnico comercial y economista del Estado, los dos principales instrumentos de la política climática comunitaria, el Sistema Europeo de Comercio de Emisiones (ETS) y el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), están provocando una escalada de costes que deteriora la posición de las empresas europeas frente a competidores internacionales con entornos regulatorios y energéticos más laxos.
El análisis de Merino es contundente: la aplicación conjunta de ambos mecanismos equivale a «la introducción de un arancel interno». Esta situación se produce porque los productores europeos se ven obligados a internalizar el coste del carbono en sus insumos, tanto energéticos como materiales, mientras que sus rivales en terceros países, a menudo con energía más económica y sin una tarificación equivalente para las emisiones de CO₂, operan con estructuras de costes significativamente inferiores.
El impacto del CBAM y el creciente coste del carbono
El experto señala que, si bien el CBAM puede mitigar de forma parcial el efecto del ETS en la importación de insumos básicos como el acero, aluminio, fertilizantes o cemento, deja desprotegidos a los sectores industriales transformadores. Estas industrias, que concentran una gran parte del valor añadido de la economía europea, no ven sus importaciones sujetas al CBAM, pero sí sufren el encarecimiento de toda su cadena de valor. De hecho, el mecanismo podría incluso añadir costes adicionales en las cadenas de producción.
La presión se ha intensificado desde que, en 2021, se endureció la senda de reducción del techo de emisiones del ETS, provocando que el precio del derecho de emisión alcanzara los 100 euros por tonelada de CO₂ en 2022. Este sobrecoste tiene un impacto directo en los costes industriales, especialmente en los sectores de alto consumo energético. Antonio Merino ofrece un ejemplo claro en el sector del automóvil, donde estima que, a ese precio, «el coste de los derechos de emisión de carbono puede situarse entre 600 y 800 euros por vehículo». Para fabricantes con márgenes operativos del 3% al 6%, este coste podría absorber «una fracción significativa del beneficio unitario, entre el 30 y el 70%».
| Concepto | Impacto Estimado |
|---|---|
| Coste añadido por vehículo (sector automoción) | Entre 600 y 800 euros |
| Reducción del beneficio unitario (automoción) | Entre el 30% y el 70% |
| Coste adicional en generación eléctrica con gas natural | 30 euros por MWh |
| Coste adicional en generación eléctrica con carbón | 90 euros por MWh |
Riesgos para la exportación y la necesidad de una revisión estratégica
El efecto sobre la competitividad exterior es aún más pronunciado, ya que los productos fabricados en Europa arrastran este sobrecoste, mientras que sus competidores internacionales no soportan cargas equivalentes. Merino advierte que desde 2021 ya se constata una reducción en las exportaciones de bienes intensivos en CO₂ debido a esta pérdida de competitividad. Mirando al futuro, el escenario podría agravarse si el precio del CO₂ alcanza los 250 euros por tonelada, lo que dispararía el precio de la electricidad.
Ante esta coyuntura, la recomendación principal del informe es clara: «poner en Stand-By el Binomio ETS-CBAM». Además, se propone moderar sustancialmente el precio del carbono para alinearlo con los niveles de los países competidores y excluir del ETS a sectores estratégicos como el de los fertilizantes, cuyo encarecimiento tiene efectos inflacionarios «clarísimos» sobre la seguridad alimentaria y los precios agrícolas.
La conclusión de la Nota Técnica subraya la importancia del realismo geopolítico. «La descarbonización no elimina la demanda global de bienes intensivos en energía; simplemente desplaza su producción hacia regiones con menores costes regulatorios y energéticos», advierte Merino. Por ello, insta a «complementar los instrumentos actuales con una estrategia que combine descarbonización, competitividad y realismo geopolítico» para preservar la base industrial europea durante la transición energética.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Qué son el ETS y el CBAM y por qué son controvertidos para la industria?
El ETS (Sistema de Comercio de Emisiones) es un mercado donde se compran y venden derechos para emitir CO₂. El CBAM (Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono) es un arancel sobre las importaciones de ciertos productos intensivos en carbono. Según el Club de Exportadores, su combinación eleva los costes de producción en Europa, restando competitividad frente a países sin estas cargas.
¿Cómo afecta esta política a un sector clave como el del automóvil?
Según el análisis de Antonio Merino, con un precio de 100 euros por tonelada de CO₂, el coste de los derechos de emisión puede añadir entre 600 y 800 euros al coste de fabricación de cada vehículo. Esto podría reducir el beneficio unitario de los fabricantes entre un 30% y un 70%, un impacto muy significativo en sus márgenes.
¿Cuál es la principal recomendación del Club de Exportadores?
La propuesta central es «poner en Stand-By el Binomio ETS-CBAM», es decir, aplicar una moratoria a ambos mecanismos. Adicionalmente, se recomienda moderar el precio del carbono y excluir del sistema a sectores estratégicos como los fertilizantes para evitar un impacto mayor en la inflación y la seguridad alimentaria.
¿Qué riesgo geopolítico supone la actual política climática de la UE?
El principal riesgo es la deslocalización industrial. Al encarecer la producción en Europa, las empresas podrían trasladar su actividad a regiones con menores costes energéticos y regulatorios. Esto no reduciría las emisiones globales, sino que simplemente desplazaría la producción y debilitaría la base industrial europea.
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