EE.UU. y Canadá negocian un sistema de cuotas para el acero que rebajaría el arancel al 25%

Fotografía de archivo libre de derechos creada por yasin hemmati en Unsplash.

Comercio Internacional

La administración de Donald Trump y el Gobierno canadiense avanzan en un acuerdo que sustituiría el actual arancel del 50% al acero por un sistema de cuotas con una tasa reducida del 25% para los primeros cuatro millones de toneladas. El modelo, de confirmarse, podría sentar un precedente para las negociaciones comerciales entre Washington y la Unión Europea, con un impacto directo en la industria española.


Fuentes cercanas a las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá han confirmado que ambos gobiernos trabajan en un nuevo marco regulatorio para las exportaciones de acero. El acuerdo preliminar establecería una cuota anual de cuatro millones de toneladas de acero canadiense que podrían ingresar al mercado estadounidense bajo un arancel reducido del 25%. Cualquier volumen que exceda dicho umbral seguiría sujeto a la actual tasa proteccionista del 50%, impuesta por la administración del presidente Donald Trump a principios de su segundo mandato.

Este movimiento representa un cambio táctico en la política comercial de Washington, que pasaría de una aplicación de aranceles generalizados a un sistema más selectivo y negociado con sus socios estratégicos. El objetivo de la Casa Blanca sigue siendo la protección de su industria siderúrgica nacional, pero la adopción de un modelo de cuotas sugiere una flexibilización pragmática para aliviar las tensiones con su principal socio comercial y vecino.

Un precedente para las negociaciones con la UE

El posible acuerdo bilateral está siendo monitorizado con extrema atención desde Bruselas y las principales capitales europeas, incluida Madrid. Para la industria siderúrgica española, este nuevo esquema presenta un doble filo. Por un lado, si el modelo se replica en futuras negociaciones entre EE.UU. y la Unión Europea, podría suponer un alivio parcial frente a los aranceles actuales. Por otro, si Canadá logra un acceso preferencial y la UE no, los productores españoles se enfrentarían a una severa desventaja competitiva en uno de los mercados más importantes del mundo.

Gigantes del sector con una fuerte presencia en España, como ArcelorMittal o Acerinox, verían cómo el acero canadiense se vuelve súbitamente más competitivo. Fuentes de la patronal siderúrgica española (UNESID) ya han manifestado su preocupación, instando a la Comisión Europea a intensificar los contactos con la administración estadounidense para asegurar un trato equitativo y evitar una distorsión del mercado que perjudique a los exportadores europeos.

El impacto macroeconómico para España trasciende al sector del acero. Una desventaja arancelaria prolongada podría afectar a toda la cadena de valor industrial que depende de este material, desde el sector de la automoción hasta la construcción y los bienes de equipo. La incertidumbre regulatoria en el comercio transatlántico sigue siendo uno de los principales factores de riesgo para las empresas españolas con exposición internacional, que se ven forzadas a reevaluar constantemente sus estrategias logísticas y de aprovisionamiento.

En definitiva, el pacto en ciernes entre EE.UU. y Canadá podría marcar el inicio de una nueva fase en el proteccionismo selectivo de la era Trump. Lo que antes era una guerra arancelaria indiscriminada parece evolucionar hacia un sistema de pactos bilaterales que, si bien reducen la tensión con aliados específicos, aumentan la complejidad y el riesgo para bloques comerciales como la Unión Europea y, por extensión, para la planificación estratégica de la industria exportadora española.

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