
La auténtica máscara de lucha libre es el artículo que le da magia a uno de los deportes más populares del mundo y nació en esta empresa, cuyo secreto mejor guardado es la fórmula para elaborarla. La única tienda donde comercializan sus productos está ubicada justo frente a la Arena México, pero el trabajo bien hecho y su página de Internet han sido las llaves a los mercados internacionales. Deportes Martínez ha asegurado la rentabilidad del negocio a través de las licencias de su producto estrella, un estratégico acuerdo con Warner Brothers y la diversificación en su catálogo. Una máscara elaborada en sus talleres oscila entre 500 y 1,500 pesos, pero en una ocasión, cuenta Víctor Martínez, hijo del artífice de la legendaria capucha, uno de sus clientes mexicanos logró vender diez a 1,500 euros cada una durante la inauguración del Mundial Alemania 2006 al causar sensación entre aficionados alemanes. Y es que el valor agregado es algo que no le hace falta a esta marca reconocida alrededor del mundo.

Víctor Rubén Martínez Avendaño muestra la máscara que no pudo utilizar Ciclón McKey y una réplica de la máscara de El Santo para coleccionistas, elaborada en piel natural y con valor de 1,500 pesos.
Entrevista con Víctor Rubén Martínez Avendaño y Mauricio Martínez:
¿Cómo se liga la historia de Deportes Martínez a la de la Lucha Libre?
Van tomadas de la mano. Mi padre era originario de León, Guanajuato, y lo que sabía hacer eran zapatos. Se trasladó a la Ciudad de México con el sueño de prosperar. Sufrió carencias de toda índole pero era una persona tenaz y capaz. En menos de un año pasó de ser obrero a secretario general de la fábrica de textiles donde fue contratado. Más tarde puso una tienda de artículos deportivos en la avenida Santa María la Redonda, hoy Eje Central, a la vuelta del teatro Tívoli que antes era una arena de Lucha Libre.
En esa época la lucha libre era un deporte nuevo y poco popular pero a mi padre le fascinó. No había luchadores nacionales, venían a presentarse principalmente desde Estados Unidos y trajeron al Charro Aguayo que era de origen mexicano. Mi padre hizo buena amistad con él hacia el año de 1933. Al enterarse de que éste fabricaba calzado deportivo, fue el Charro Aguayo quien lo impulsó a fabricar botas especiales para lucha libre pues entonces utilizaban el mismo que se empleaba en boxeo y no tenía las características adecuadas. Necesitaban un par de botas de suela más resistente, más gruesas y cómodas. Las botas resultaron ser muy duraderas y en adelante el Charro Aguayo llevó a muchos luchadores extranjeros al negocio de mi papá en busca de las botas para lucha libre.
Con el tiempo comenzó a fabricar también otros accesorios que los luchadores utilizaban. Así fue como el irlandés Ciclón McKey llegó al taller de mi papá y con el Charro Aguayo como traductor le pidió que confeccionara una especie de capucha que le cubriera el rostro pero que fuera difícil de arrebatar, quizá mediante el método de sujetar que usaban las botas. Mi padre, tomó una serie de medidas de la cabeza del luchador y le aseguró que en unos días estaría lista, pero pasaron varias semanas sin que pudiera cumplir con el pedido porque no descubrió la forma de hormarla como se hace con los zapatos. El modelo final que fue elaborado en piel de galce de cabra no ajustó en la cara de Ciclón McKey. Este le arrojó el dinero en la cara a mi padre y éste pensó que el negocio de las máscaras había terminado ahí.
Esa máscara fue un trabajo artesanal de una calidad que ni siquiera yo he logrado alcanzar y que hoy está valuada en 35,000 dólares, aunque no pienso venderla. Seis u ocho meses después el Ciclón McKey regresó al taller y pidió ocho máscaras más narrando que intentó que en varios países de Asia y Europa incluidos, le confeccionaran un trabajo similar pero nadie lo logró y le recomendaron regresar con el artesano mexicano que había hecho aquel trabajo. Pero para entonces ya no era el Ciclón McKey sino La Maravilla Enmascarada y había causado tal sensación que luchadores de todo el mundo comenzaron a venir a enmascararse. Así nacieron los héroes de carne y hueso, cuando aún no existían el Hombre Araña ni Batman. En México un ícono de esto es El Santo porque en su trayectoria reúne honestidad, galanura, reputación. Pero la magia de la lucha libre está en la máscara porque se convierte en la intriga entre el bien y el mal y vuelve realidad a los héroes.
¿A qué países llegan las máscaras de Deportes Martínez y en cuáles hay más demanda?
Desde siempre mi padre trabajó para luchadores de todo el mundo. Hoy nuestras exportaciones representan aproximadamente el 40% de nuestra producción y hacemos envíos a Estados Unidos, Italia, Irlanda, Alemania, Inglaterra, Francia, Dinamarca, España, Australia y en general a países de los cuatro continentes. Nos hace falta África porque allá no se practica este deporte.
Los envíos no son en cantidades grandes como quisiéramos, sencillamente porque no le puedo poner la misma máscara a todo el mundo. Aquí elaboramos diseños especiales e incluso los que los clientes nos envían por correo electrónico, aún cuando no sean luchadores profesionales, sino aficionados que desean crear su personaje. Nuestro principal mercado es Estados Unidos por ser el país vecino y representa un 60% de nuestras exportaciones.
En Europa los países donde hay mayor demanda son Italia e Irlanda, además de España y Alemania. Mientras que en Japón tenemos un distribuidor que es una compañía que vende artesanías mexicanas. Es así porque la máscara de lucha libre tiene muchos aspectos de valor. Se hace a mano, allá es visto como parte de la cultura de México y además en ella reside la incógnita de los luchadores.

Don Antonio H. Martínez, artífice de la primera máscara de lucha libre y de una empresa que viste a los luchadores de pies a cabeza.
¿Cómo han hecho para ir ganando más mercado?
Para llegar a todo el mundo ha sido muy útil la página de Internet. Tenemos cerca de seis años trabajando con ella aunque la plataforma ha ido mejorando. Por otro lado, nos anunciamos en revistas especializadas pero nacionales y a través de entrevistas y reportajes hemos estado en medios de comunicación muy importantes de talla internacional. Es una publicidad que yo no podría pagar y que ha funcionado porque nos han llegado a hacer pedidos luego de vernos en uno de esos medios, tanto de televisión como prensa. Por otra parte, al comercializar por internet hemos generado confianza porque los pagos se hacen con tarjeta de crédito y eso le da seguridad al comprador, que a su vez siempre nos está promocionando con sus conocidos y es así como vamos ganado clientes en todo el mundo.
En el proceso de comercialización, ¿Cuál es la parte complicada y cómo la resuelven?
El costo de los fletes. En ocasiones resulta más costoso el envío que el producto. Hoy por hoy hemos recibido una notificación de que el alza de esos costos será en función del precio del petróleo. Hablamos de esto con los clientes para convencerles de que si encargan más de una máscara el precio del flete será el mismo. Es así como nos hacen pedidos de varios artículos y también a nosotros nos conviene.
¿Cuál es la capacidad de producción y dónde está instalada?
Tenemos tres talleres en el Estado de México, uno de botas, uno de máscaras y uno de ropa; en ellos damos empleo a unas 17 personas. Vestimos a los luchadores de pies a cabeza. Nuestro producto estrella son las máscaras y en segundo lugar las botas son un artículo que nos deja un buen ingreso. Este calzado no se puede fabricar en cualquier sitio porque en su elaboración satisfacemos características muy específicas de cada cliente. Es así que
podemos producirlas tanto unitaria como masivamente y un distribuidor puede comprar hasta 100 pares mientras que las máscaras, aunque son muy solicitadas, se venden unitariamente porque hay tantos luchadores como diseños. Sin embargo, tenemos muy diversificado nuestro catálogo de productos y tenemos una producción importante.
Aunque quisiéramos producir más, nuestro principal limitante es la falta de recurso humano. Todo nuestro trabajo es artesanal y no cualquier persona lo hace, por eso tenemos que prepararlos mucho ya que no podemos sacar al mercado artículos mal hechos ya que cuidamos que nuestra calidad sea en una palabra: excelente.
¿Cuántas máscaras encarga un luchador?
El luchador profesional de México es el más exigente y es el que más compra porque está activo todo el año y encarga cuatro o cinco mensuales. El luchador extranjero pide dos o tres pero no viviríamos de eso así que tanto en México como en el extranjero le vendemos a los profesionales pero también a los aficionados.
¿Qué puede compartir acerca del proceso de elaboración de las máscaras?
Mucha gente me ha preguntado cuáles son las 17 medidas que tomo para elaborarlas, pero ese es un legado que quizá me llevaré a la tumba. Son 17 medidas del rostro humano pero tomando en cuenta que las facciones de una cara son muy distintas de las de otro, y varían incluso de país a país, es decir, no es igual una cara anglosajona que la de un mexicano. No estudié diseño ni confección, soy empírico pero tengo la experiencia y todos los consejos de mi padre. Y aún así, puedo decir que no sé nada, pero él sí sabía y tengo todos los conocimientos que adquirí de él.

Con su hijo, Mauricio Martínez.
¿Qué materiales utilizan y cómo han evolucionado?
En un principio fueron de cuero, pero esto tenía su pro y su contra, porque la piel natural se contrae con la humedad y no permitía la transpiración, razón por la que los luchadores terminaban siendo calvos. Cuando mi papá decidió hacerlas en tela ¡fue un alivio para ellos!
El que se ha utilizado desde entonces, es el raso, porque es una tela muy resistente y que se adapta perfectamente bien. Creo que mi padre aplicó lo que aprendió durante el tiempo que trabajó en la fábrica textil para elegir los materiales. Ahora ya hay otros materiales como los de alto brillo, el corfan, charol y hasta lentejuela. Todos nuestros materiales son de importación porque en México no hemos encontrado la calidad que requerimos.
¿Quién es la competencia de Deportes Martínez?
La única competencia es la piratería, pero creemos que se tiene que acabar. Estamos trabajando en ello. Por un lado ya teníamos la patente y la licencia para elaborarlas y por otro, desde hace cuatro años comenzamos a abrir la posibilidad de que Warner Brothers adquiriera las licencias de nuestros productos. Este año se
cerró ese acuerdo y cada máscara tiene en su etiqueta el holograma de esta compañía de entretenimiento. Con esto vamos a proteger nuestro producto y además es una estrategia comercial que nos permite ofrecer un artículo oficial, auspiciado por WB y con un holograma de autenticidad y un número de serie.
¿Cuál es la parte que más disfruta de su negocio?
Cuando diseño. Tengo 48 años de trabajar en esta empresa y cada día llego con una sed ferviente de seguir trabajando. La lucha libre la he visto toda mi vida, he conocido a los mejores luchadores, pero soy más aficionado a mi trabajo.
¿A dónde ambiciona llegar la empresa?
Hemos ido creciendo y aunque hay altibajos vamos muy bien. Por ahora definitivamente somos el único referente para adquirir máscaras de lucha libre en todo el mundo y tenemos muy buena demanda. En México queremos abrir nuevos canales de distribución. En ese sentido estamos en pláticas con la cadena de tiendas Martí pero estamos abiertos a llegar a un acuerdo de ese tipo con otras tiendas dispuestas a comercializar nuestros artículos.
En el extranjero creemos que estamos por abrir mucho más mercado sobre todo en Europa. Hay una tienda en España que quiere distribuir nuestros productos y aunque no hay nada concreto y prefiero no hablar de cifras, el futuro de Deportes Martínez es instalar una nave industrial a corto plazo.
Creo que el talento del mexicano es muy grande y en el caso de productos que se elaboran de manera artesanal tienen grandes oportunidades de competir con los de cualquier país. Definitivamente, la exportación brinda muchas oportunidades de crecimiento, pero si sería necesario eliminar muchas trabas e impuestos que no