Esta ciudad fue fundada en 1471 en el emplazamiento de una pequeña población bereber
Situada en el noroeste de Marruecos, en las faldas de los montes Tisuka y del Megu, cerca de Tetúan, Chauen añora los tiempos de Al-Ándalus. Esta ciudad fue fundada en 1471 en el emplazamiento de una pequeña población bereber. Su población original estaba compuesta por los exiliados andalusíes, tanto musulmanes como judíos. La influencia andaluza está omnipresente en sus calles estrechas de trazo irregular, en sus casas blancas encaladas y en sus ventanas pintadas de azul. Durante siglos fue considerada una ciudad sagrada, no permitiendo el ingreso de extranjeros, por lo que su arquitectura original ha sufrido pocas alteraciones.
En Chauen conviven sus dos partes: la moderna y la medina, el corazón de la ciudad. La parte más antigua crece hacia lo alto de la montaña, y en el punto más alto se encuentran los manantiales de Ras al-Ma. Para llegar a ella hay que cruzar una de sus siete puertas, la principal es la de Bab El Ayn.
La plaza de Uta Al Hamman es el mirador de la ciudad, rodeada de cafés y restaurantes, donde los visitantes suelen tomar té de menta. Está dominada por las rojas torres y murallas de La Kasbah, que fue construida por Mulay Ismail en el siglo XVII para defender la ciudad. Dentro se encuentra el museo etnológico de Chauen, que contiene una colección de arte popular del norte de Marruecos.
En esta plaza se encuentra la Gran Mezquita, del siglo XV, que destaca por la forma octogonal de su minarete.
Otros barrios típicos de Chauen son la Sueca, donde abundan los rincones típicos; el Jaracin, en el que destaca la mezquita de Sidi Buhansa; el Onzar, con su plaza del olivo centenario y donde aún se conservan sus lavaderos y molinos de agua.
En la ciudad moderna, no hay que perderse un paseo por la plaza con sus pérgolas, la antigua iglesia de San Antonio Abad y los edificios neoárabes del protectorado.