Certificar para competir

Aunque las certificaciones no suponen la panacea mágica para los negocios, no puede negarse que constituyen en este momento uno de los principales factores de confianza en el mercado internacional.
Actualmente, una empresa que no disponga de un certificado de calidad o incluso uno de compromiso medioambiental ISO 14000, no figura en las «páginas amarillas» del comercio internacional. Por tanto, uno de los motivos que impulsan a las empresas a obtener certificados radica en los beneficios comerciales que significa, ya que da confianza a los clientes acerca de la capacidad para el cumplimiento de los requisitos, puesto que uno de los compromisos a los que obliga la certificación es a la evaluación continua de la satisfacción de los clientes.
De esta forma, muchos de los grandes compradores seleccionan a sus proveedores de entre los que están certificados, ignorando al resto. Por otra parte, para una multinacional con sedes en distintos países con diferentes culturas, mentalidad, aptitudes, actitudes, etc., el usar un referente común para todas, como es la metodología ISO 9000, ha supuesto un indudable beneficio y no es extraño que estas grandes empresas sigan ejerciendo de tractoras de la certificación.
Por otro lado, la certificación ofrece unas ventajas de tipo interno a la organización que decide apostar por esta vía, porque sus normativas establecen metodologías y compromisos dentro de las empresas que, bien respetados, se traducen en disminución de costes por fallos, mejor organización y personal más comprometido con el desarrollo de la empresa.
La ISO (International Standarization Organization) es una organización internacional de normalización, en la cual se encuentran representados hoy en día alrededor de noventa países de todos los continentes a través de organismos destacados para este objetivo. Sus normas son el resultado de consensos logrados por todos los representantes integrantes quienes defienden los intereses de los sectores industriales de cada uno de sus países al crear o modificar las normas y políticas de ISO.
En cuanto a la puesta en práctica de las normas, es decir, la certificación, ésta puede ajustarse a casi cualquier operación empresarial, especialmnete en el caso de la norma ISO 9000. Ésta se diseñó de manera que fuese posible satisfacer los requerimientos básicos de una operación sana para empresas de cualquier tipo y tamaño.
Contrario a la creencia general de que las normas ISO 9000 son rígidas e inflexibles, en realidad la serie permite una considerable flexibilidad. La norma no pretende establecer una uniformidad en los sistemas de calidad. De hecho, es reconocida en la norma la variedad que se diseña para ajustarse a las cambiantes necesidades de cada industria.
«Lo verde» gana en importancia
El respeto al medio ambiente por parte de las compañías es un aspecto cada vez más demandado por las Administraciones Públicas. El papel inductor de los diferentes organismos está concienciando cada vez más a los empresarios para seguir este camino. Puede decirse que si en los años 90 tuvieron importancia las ISO 9000, en los principios del S.XXI van a cobrar protagonismo las auditorias medioambientales, guiadas por la norma ISO 14000 y por el Reglamento EMAS.
Hay además sectores como el de automoción que han puesto fecha a sus suministradores para que demuestren su compromiso con el medio ambiente, exigiéndoles la certificación ISO 14001. «Lo verde» comienza a ser un importante elemento de identificación de las empresas en el mercado.
Por otra parte, existen otros dos elementos, ética y responsabilidad social, que empiezan a aparecer como elementos diferenciadores en la tremenda competencia internacional. Normativas como GRI (Global Reporting Initiative) AA1000AS (Assurance Standard) y la más conocida SA 8000 empiezan a emerger más como respuesta a las demandas sociales que a demandas propias del mercado.
Sin embargo, todavía les falta un largo trecho a estas normativas para que se consoliden como reflejo del mercado global y alcancen el reconocimiento de su acreditación. No obstante, hay ya grandes grupos de empresas que están solicitando de organizaciones independientes la evaluación y certificación de los compromisos sociales y legislativos que, además de la cuenta de resultados , se incluyen en las memorias anuales.
Entidades certificadoras
La obtención del certificado depende de la evaluación de una compañía certificadora. En cada país existen varias. En nuestro país existen 12, entre las que se encuentran: SGS-ICS Ibérica AEIE; Lloyd's Register Quality Assurance; Inspección, Auditoria y Certificación; European Quality Assurance Spain; Agencia para la Certificación de la Calidad y el Medio Ambiente y la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR).
Estos son sólo algunos ejemplos de las compañías que operan en nuestro país, y que tienen la correspondiente acreditación que concede la ENAC (Entidad Nacional de Acreditación). Se trata de entidades privadas , cuya finalidad consiste en certificar mediante el cumplimiento por parte de las empresas de las normas internacionales ISO (Organización internacional de Normalización), además de lo estipulado en el DOCE (Diario Oficial de la Comunidad Europea) referente tanto a calidad como a medioambiente y del resto de normativas tanto comunitarias, estatales, regionales o locales. En el caso de AENOR, además, se da la circunstancia de que es el único organismo reconocido por la Administración Pública española para desarrollar las actividades de normalización en nuestro país, en concreto las normas UNE.
Semana Europea de la Calidad
Del 8 al 14 de noviembre, bajo el lema «Calidad a través de la diversidad», tendrá lugar la décima edición de la Semana Europea de la Calidad. Para analizar la historia de esta década de vida, debemos remontarnos al año 1995, año en el que la Unión Europea, a través de las políticas de «Nuevo Enfoque» y «Enfoque Global» acometió la tarea de realizar una profunda transformación del marco jurídico para lograr un mercado europeo ágil y flexible, basado en la calidad de las empresas.
En nuestro país, la Asociación Española para la Calidad (AEC) fue la entidad designada por la European Organization for Quality (EOQ), de la que es miembro de pleno derecho, como promotora de esta iniciativa.