Baltasar Lobo, sensualidad y perfección técnica en su obra

Desde el 18 de mayo y hasta el 17 de julio, puede visitarse la muestra “Baltasar Lobo. 1910-1993”, en el Paraninfo de Zaragoza.

La muestra ha sido comisariada por Consuelo Ciscar y Rafael Sierra y organizada por el Vicerrectorado de Proyección Cultural y Social de la Universidad de Zaragoza. En la muestra ha colaborado de forma muy activa tanto el IVAM como la Galería Freites de Caracas, Venezuela.


B. Lobo, “Mère et enfanta ‘La Ciotat’ sur socle”, 1947

Baltasar Lobo (Cecerinos de Campo, Zamora, 1910-París, 1993), es un artista de primera fila aunque quizá no sea todo lo popular que debiera a los ojos del gran público. Su reconocimiento en nuestro país llega en los 60 cuando se organiza una muestra antológica sobre el artista en el entonces Museo de Arte Moderno de Madrid. No obstante, es en 1984 cuando se le otorga uno de los reconocimientos oficiales más prestigiosos, el Premio Nacional de Artes Plásticas. Finalmente su proyección en nuestro país viene de la mano del museo que de él se crea, en su tierra natal, Zamora en 2009.

La obra que se presenta en esta exposición, ha sido articulada en torno a la producción de su etapa madura, o lo que se podría acotar a la obra que produjo entre 1939 y 1991. Se compone de 38 esculturas y 20 dibujos realizados con diversas técnicas.

La obra sobre papel que se muestra en el Paraninfo de Zaragoza, ofrece la fragilidad del soporte, el papel, que entronca con la temática de aspecto grácil, el de la maternidad, y la mujer, temas recurrentes en su trabajo. Con tinta china, o con gouache, con pastel o con carboncillo, aunque siempre con el “no color” del blanco y negro ofrece una visión voluptuosa, orgánica, sensual o ingenua, de la mujer que representa en diversos estados. El blanco y negro que de ordinario crea una visión dura o endurecida de lo que se representa es totalmente amable en la obra que nos compete.

Por otro lado sus esculturas que en mayor número están representadas por bronces fundidos a la cera perdida y en menor número por piedra, ofrecen estéticamente una perfección técnica que incita a ser tocadas. Los brillos del bronce pulido y la maestría de su técnica de nuevo encajan con la fragilidad de la mujer que representan.

Todas ellas son piezas con formas curvas, orgánicas, que traspasan el propio tema de la figuración para llegar, valga la aparente contradicción, a un estado de “figuración abstracta”.

Sin conocer datos biográficos del artista nada nos hace suponer el difícil trance que vivió: la Guerra Civil Española, la pérdida de un padre en los bombardeos, el exilio a París, ciudad que lo acogió en 1939 y en la que convivió con otros artista como Picasso, Matisse y Brancusi. Y algo sorprendente, él nunca tuvo hijos por lo que la maternidad que se representa de forma reiterada en su obra no es una experiencia vital del artista.

Lejos de todos sus penosos episodios, su obra emana serenidad, pero también primitivismo, en el sentido de que esas mujeres que proyecta rememoran la Venus prehistórica y de la historia antigua, que entroncan con la fertilidad, con el origen de la vida.

Lobo ofrece en esta muestra la amabilidad plástica de su obra con un profundo contenido simbólico que trasciende el propio tema y permite conocer las inquietudes del artista.