Perjudicará sobre todo a los países más pobres, lamentó el canciller de Brasil
La economía mundial sufrirá el fracaso de las negociaciones de la Ronda de Doha, un resultado que perjudicará sobre todo a los países más pobres y permitirá que Estados Unidos siga adelante con una ley para aumentar sus subsidios agrícolas, lamentó el canciller de Brasil, Celso Amorim.
En una entrevista concedida hoy a Efe, el ministro de Relaciones Exteriores reconoció que «todos perdemos», incluido Brasil, pero «los más pobres siempre pierden más porque tienen menos capacidad de adaptación».
«En general, todos perdemos porque si la nueva Ley Agrícola de EE. UU. entra en vigor creará la posibilidad de subsidios aún mayores de los que había», señaló.
Brasil ha sido una de las siete potencias comerciales -junto con Australia, China, India, Japón, EEUU y la Unión Europea- que negociaron en los últimos días sin éxito un acuerdo acerca de la liberalización agrícola e industrial, que era considerado indispensable para elevar una propuesta concreta a un grupo más amplio de países.
«Hicimos (Brasil) todo lo que pudimos mirando no sólo nuestros intereses, sino también aquellos de los países más pobres y en desarrollo», aseguró Amorim, quien explicó que para eso fue «más allá de los limites que tenía definidos antes de venir a Ginebra».
«Y no me arrepiento porque creo que eso permitió lograr avances», dijo Amorim, aunque éstos fueron claramente insuficientes para alcanzar un acuerdo que permitiese cerrar la Ronda de Doha a finales de año, como era el objetivo.
Para el ministro brasileño, uno de los grandes protagonistas de las negociaciones, éstas difícilmente podrán reanudarse en los próximos meses y lo más probable es que se tenga que esperar a un nuevo Gobierno en EE. UU.
«Vamos a esperar dos o tres años», pronosticó Amorim, tras señalar que aunque «no vamos a partir de cero, muchas cosas se van a mover. No podemos tener la ilusión de que todo queda cerrado esperando una solución final».
«Esto no es un rompecabezas en el que falta una pieza y cuando ésta se coloca todo queda listo. Hay varias cosas que tendrían que ser revisadas», recalcó.
Aunque reconoció que el colapso de la Ronda de Doha representa para él una frustración personal después de varios años invertidos en el proceso, Amorim evitó dramatismos señalando que «la vida sigue».
Pero advirtió al mismo tiempo de que retomar las negociaciones no será tarea sencilla porque los temas y preocupaciones de los países cambian con el tiempo.
«La discusión sobre agricultura era una antes de la crisis alimentaria y es otra ahora. Puede ser que (en el futuro) nuestra tolerancia a los subsidios (agrícolas) disminuya y creamos que deben ser cero», indicó.
En estos días de intensas negociaciones, EE. UU. había propuesto rebajar su límite máximo de subsidios a 15.000 millones de dólares anuales, con respecto a un límite de 48.000 millones actuales, pero tras el fracaso esa oferta ha quedado en el vacío.
Preguntado acerca de si su alianza con India dentro del G-20 se mantiene a pesar de que en las horas cruciales de las tratativas ambos países adoptaron posiciones discordantes, el ministro aseguró que la unidad de ese grupo «no se ha quebrado».
Reconoció, sin embargo, que «quizás unos y otros podían haber mostrado flexibilidad para llegar a una conclusión, pero a veces es necesario pasar por esto, una crisis».
En todo caso, Amorim destacó que esa alianza de países en desarrollo deja una contribución esencial a la OMC y es haber logrado «cambiar para siempre el proceso de negociación y el rol que los países en desarrollo tienen en él».
«Desafortunadamente, no logramos ver el resultado, pero creo que llegará, aunque tomará más tiempo y si tiene que ser para una nueva generación, que sea para ella», apuntó.
Sobre las fisuras que se observaron en el Mercosur durante las negociaciones, Amorim dijo que la gran lección para este bloque es la necesidad «de tener una posición negociadora única», lo que no se logró por «factores que tienen que ver con la historia».
«Tenemos que pasar de un nivel de coordinación, a un nivel de integración verdadera. Muchos de los problemas que hemos tenido aquí han sido por eso», subrayó.
A pesar del compás de espera en el que ha entrado la Ronda de Doha, el canciller advirtió de que los acuerdos bilaterales no son la solución a las barreras comerciales que enfrentan los países y que asuntos como los subsidios en las naciones ricas nunca podrán resolverse a ese nivel.
«No hay tratado de libre comercio ni acuerdo con la Unión Europea, nada de eso puede terminar con el principal veneno que existe en el comercio internacional», dijo en referencia a esos subsidios.