La exposición contempla el desarrollo del arte nuevo internacional, entre 193 y 1917 aproximadamente, reflejando los movimientos del momento.
¿Qué diría Umberto Boccioni, el cual consideraba los museos como cementerios del arte, al contemplar su obra y las de sus colegas coetáneos entre las paredes del Museo Thyssen Bornemisza?
1914, el año de la primera Gran Guerra, fecha que supuso, por este motivo, un punto de inflexión, no solo en la historia contemporánea, sino también en gran parte de las manifestaciones artísticas, culturales y sociales de la época.
La Gran Guerra fue capaz de enfrentar al mundo de forma global, creando trincheras, partidos y fisuras entre los pueblos y también entre los intelectuales y artistas.
Hasta el 11 de enero de 2009 se puede visitar en Madrid la exposición que se fragmenta en dos sedes, la del Museo Thyssen y la de la Fundación Caja Madrid, fruto de un acuerdo de colaboración entre ambos que ya lleva cinco años de andadura y 10 exposiciones en su haber.
Javier Arnaldo ha comisariado la exposición otorgando a la misma un prisma bastante novedoso, a mi entender: el de verificar y ratificar las vanguardias artísticas dentro del marco de la guerra. La guerra es un elemento ambivalente, contradictorio, creador y destructor al mismo tiempo.
Los años previos a la guerra fueron años de intenso hervor artístico, de fertilidad en las vanguardias, años en los que la sucesión de proclamas y manifiestos era intensa.
La guerra fue una catarsis que rompió para generar o rompió simplemente. Los intelectuales y artistas de la época lo consideraron un mal necesario, un vehículo de gran utilidad para romper con el “arte oficial”.
¿Era realmente necesario el uso y abuso el fomento de la violencia, para destruir lo anterior, para ratificar un arte nuevo?
La exposición dentro de este marco nos acerca no sólo a los movimientos celéricos de vanguardia de una época, sino al contenido ideológico o mejor, al emotivo, a la capacidad de traspasar el propio arte en pro de algo más.
Así, en 1913, Ricciotto Canudo animaba insistentemente a alistarse en el ejército y otorgaba una hegemonía del arte francés o al talante artístico que partía de Francia. Ardengo Soffici escribía a su amigo Apollinaire: “pronto combatiremos por la misma causa, que es la de la inteligencia y la belleza”…Léger, Apollinaire, Braque…muchos fueron los que se alistaron o fueron llamados a filas. Todos ellos hicieron uso de esa condición de artistas-sold/oldado. Algunos se autorretrataron como Max Beckmann o Ernest Kirchner. Pero de nuevo aparece la doble intención, la arrogante y la trágica. La Gran Guerra supuso un enfrentamiento entre cultura y barbarie…
Los jinetes de la vanguardia, el jinete, tema tremendamente recurrente entre los artistas de vanguardia, parece premonitorio, parece que son los Cuatro Jinetes del Apocalipsis los que cabalgan y la guerra se hace presente. En 1911 surge en Munich,”Der Blaue Reiter” o “El Caballo Azul”, foco de la cultura expresionista alemana.
La máquina, lo mecánico, se convierte en signo de modernidad, de dinamismo de una sociedad avanzada, como pensaban artistas futuristas como Humberto Boccioni o Severino entre otros. El mecanicismo de Léger es patente en gran parte de sus obras, aunque la máquina también es capaz de matar.
El último apartado de la exposición, quizá totalmente intencionada, es un conjunto de piezas entre pinturas, esculturas, grabados y dibujos, de autores como Georges Rouault o Félix Valloton, entre otros, que consideran la guerra un error, un tropiezo, motivo de dolor y muerte, muchos de ellos desde el exilio.