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Rubén García-Quismondo
Jueves, 8 de junio de 2017
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Reino Unido

Conjeturas sobre las elecciones en el Reino Unido

Hoy, 8 de junio, se celebran elecciones en el Reino Unido (RU), Irlanda del Norte y otros territorios británicos para elegir a los miembros del Parlamento británico y, por tanto, su nuevo gobierno y primer ministro.

Lo primero que quisiera expresar es mi solidaridad, tristeza y la más absoluta condena y repugnancia por los degenerados atentos terroristas padecidos por el RU, un aliado, país amigo, de estratégica importancia para España, la UE y en general el mundo, que producen estos cobardes y destinados al fracaso golpes, que van en contra del ser humano y las creencias religiosas o morales.

 

Lo que empezó pareciendo como unas elecciones convocadas por la Premier británica, Theresa May, para fortalecer su posición en su propio partido conservador de cara a las negociaciones del denominado Brexit, salida del Reino Unido de la Unión Europea como estado miembro, y obtener un mandato popular que diera un escenario de largo plazo con mayor estabilidad, disminuyendo la incertidumbre, tan negativa en economía y en general; y fortaleciendo su posición negociadora frente a la UE, parece se está convirtiendo, según nos anuncian algunas encuestas, en lo contrario.

 

No sólo podría perder la mayoría absoluta parlamentaria que heredó el partido tory, producto de un inesperado reforzamiento del partido laborista y una oportunidad de asentamiento de su discutido líder J Corbyn. Todo ello, si las encuestas aciertan, que viendo que últimamente son muchos los cisnes negros, nunca se sabe, pero parece que la tendencia es fuerte en este sentido, tal y como dice Aristóteles “Es probable que lo improbable suceda”. Además nos enfrentamos a la posible influencia que los degenerados y tristes atentados padecidos por el Reino Unido, tres en muy corto periodo de tiempo, dos de ellos, terribles, en las últimas dos semanas, pueden jugar en contra de quien dirige el gobierno frente al partido líder de la oposición, el partido laborista, que parece salir mejor influenciado por dichos hechos, incluso algunas declaraciones de su líder han sido así calificadas por el partido tory, aunque en el debate democrático en una campaña electoral, las acusaciones mutuas, a veces infundadas, son lícitas y habituales y es de puro sentido común que nadie en el partido laborista apoya la cobardía terrorista. La tradición democrática del RU, la más larga en los tiempos modernos, desde que la democracia naciera en Grecia hace ya miles de años y germinara limitadamente en la Europa medieval, es indudable que la intención del estado terrorista y sus fanatizados peones en Occidente, es lograr esa influencia y nunca lo podremos saber a ciencia cierta (como no lo supimos en España, o recientemente en EEUU y Francia).

 

De perder la mayoría absoluta, como insisto parece puede ser el caso, el partido tory debería negociar la aprobación de los resultados de la primera parte de la negociación de la salida del Reino Unido con otros partidos en el parlamento, como la sentencia dictada así determinó ante el recurso de una ciudadana y en contra de lo que inicialmente pretendió la premier y, también, el que parece será el acuerdo final entre la UE y el RU, una vez el RU no sea estado miembro de la UE, ya que necesitaría bastantes años más, y que incluso podrían superar el mandato que obtendría la primera ministra en estas elecciones.

 

En términos de la política interna, la situación económica del R U parece envidiable: el buen crecimiento económico, la mejor tasa de desempleo en décadas, un índice de ocupación de la población activa excelente, un déficit público que, aún no cumpliendo con los objetivos de la UE, ni todavía disminuyendo el peso de la deuda sobre el PIB, parece razonable; por tanto, parece que la situación económica es muy buena. En términos sociales y políticos hay una fuerte preocupación por el incremento de la desigualdad, en ciertos sectores de la población han calado las soflamas populistas sobre el exceso de emigración que trasmitieron el UKIP y algunos miembros del propio partido conservador (lo que influyó indudablemente en el estrecho resultado por el que se decidió en referéndum, hace menos de un año, el Brexit), el gasto social y sus recortes, que recientemente incluso tuvieron que retirar determinados planteamientos del estrenado manifiesto del partido conservador en la reducción del gasto por el cuidado domiciliario de personas mayores con determinados niveles de renta y/o patrimonio, cambios fiscales, etc, por la fuerte polémica y rechazo que generó, incluido entre sus propios votantes.

 

Pero lo cierto es que la herencia y el papel que, desde su antiguo puesto de Ministra del Interior, ha heredado de su predecesor, es casi lo contrario, una herencia envenenada que empeora con el tiempo: la necesidad de negociar con la UE el Brexit, y sus complejos acuerdos, y por tanto hacer frente, entre otros, a la cantidad de simplezas populistas promovidas por destacados miembros de su propio partido que llevaron a muchos británicos a decantarse por el Brexit (que solo ganó por un estrecho margen de menos del 2% con una distribución geográfica y demográfica impactante), ya que el diseño de la mayoría necesaria y la forma del referéndum fueron un error ante la confianza de que se ganaría (no se exigieron mayorías reforzadas para una decisión tan trascendental para un país, ni su posible repetición). Otros aspectos a sopesar son, el probable final de un ciclo económico expansivo largo que se verá acentuado por la incertidumbre del Brexit, el incremento de las presiones inflacionistas, que ya se notan, como consecuencia de la fuerte devaluación de la libra permitida por el Banco de Inglaterra, para animar la economía en los momentos posteriores al referéndum, la contradicción entre la necesidad de mano de obra cualificada y no, que representa la tasa de desempleo y el alto nivel de ocupación, con las consiguientes presiones inflacionistas en salarios, y la limitación de la inmigración prometida, los graves problemas territoriales que ya existían pero renacen con fuerza en Escocia después del referéndum por el Brexit (el independentismo siempre está atento a cualquier oportunidad para repetir referéndums hasta conseguir su sueño que solo empeoraría la situación, otra forma más de populismo moderno del que tristemente España es uno de sus claros exponentes mundiales), los problemas de la frontera de las dos Irlandas y los acuerdos de paz alcanzados cuando se abandone la UE, el propio de la frontera de Gibraltar con el resto de España, la necesidad del aumento del gasto en seguridad interior y militar que supone la realidad terrorista islamista, en medio de una política de ajuste presupuestario, el rol del propio RU cuando ya no forme parte del la UE y la más que notable pérdida de influencia estratégica en el mundo que inevitablemente se derivará, las consecuencias económicas y sociales de un Brexit del que solo se pueden minimizar sus efectos negativos en los dos lados del canal, pero no evitarlos (el Brexit es, en términos de teoría de juegos, una situación de Lost-Lost, ambas partes pierden), el que la mayor parte de sus esfuerzos deberá destinarlos, aún a pesar de que obtendrá en mi opinión un nuevo mandato, con mayoría absoluta o no, a negociar el Brexit, y luego seguir negociando, una vez no sea estado miembro de la UE desde marzo de 2019, la nueva relación con la UE, hacen que el mandato envenenado que buscó reforzar, puede todavía ser peor de lo que ya de por sí era. Y ya no hablemos de los hackers, rusos o no, y su juego de despiste e influencia negativa, en internet en general y, en particular, en las redes sociales.

 

En resumen, lo que parecía un paseo en forma de elecciones para reforzar en todos los sentidos su mandato, en el frente interno, de cara a sus todavía socios de la UE y en su nuevo rol internacional que derivará del Brexit, parece se ha convertido justo en lo contrario y es que, ser un buen primer ministro en tiempos complicados, sigue siendo algo para grandes políticos y estrategas, algo que en general parece adolecemos en la Europa moderna. Puede que debamos recordar la frase de aquel gran personaje de la historia británica llamado W Churchill, ya desgastada y pronunciada en tiempos de guerra por la libertad del RU: "...sólo puedo ofrecer sangre, sudor y lágrimas..." y al que el admirable pueblo británico supo responder holgadamente.

 

 

Rubén García-Quismondo, Socio Director de QUABBALA, Abogados y Economistas

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