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Mercè Roca
Martes, 6 de junio de 2017
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Sector portuario

Los retos del Puerto de Barcelona

El transporte marítimo canaliza más del 80% del volumen total del comercio mundial y en 2015 superó, por primera vez, los 10.000 millones de toneladas según el informe de UNCTAD (2016).

El incremento respecto del año anterior fue del 2,1%, sensiblemente menor al de años precedentes, lo cual pone de manifiesto una relativa ralentización del comercio mundial. Paralelamente, la creciente capacidad de carga, debida, entre otros factores, a la entrada en servicio de buques cada vez mayores, ocasionó una importante bajada en las tarifas de los fletes. Todo esto causó importantes dificultades en el sector e incluso quebrantos empresariales. En este contexto, tanto las compañías navieras como los propios puertos internacionales se han visto obligados a intensificar sus esfuerzos para hacer un salto cualitativo en su eficiencia operativa en paralelo a la creación y modernización de las infraestructuras logísticas asociadas, que se está produciendo a una velocidad vertiginosa. Lo que está en juego, mucho más allá del estricto servicio de transporte, es la ventaja competitiva a largo plazo de las áreas geográficas implicadas.

 

Además de una gran agilidad en la tramitación administrativa asociada al transporte y unos costes operativos reducidos, entre los que se cuentan los costes de la estiba, los más importantes en la manipulación de mercancías, otras dos variables tienen una incidencia directa en la eficiencia portuaria. Por un lado, la capacidad del puerto, que debe permitir el tránsito de buques de gran tonelaje y una gestión ágil de los procesos de carga y descarga de los mismos, minimizando el tiempo necesario para el trasvase de mercaderías. Por otro, la plena conectividad mediante redes logísticas que faciliten que el puerto opere como nódulo de comunicación. Las mercancías y en su caso las personas que transitan los puertos prosiguen su periplo bien hinterland (destino terrestre) o foreland (dirección a otros puertos). Por esta razón, la red de comunicaciones asociada al tráfico portuario es esencial para su función logística y constituye, al mismo tiempo, motor directo de crecimiento. Para que los centros logísticos desarrollen todo su potencial son imprescindibles sistemas de transporte multimodal (marítimo, terrestre y aéreo) a través de redes concebidas de forma integral y complementaria.  

 

El puerto de Barcelona es la infraestructura comercial de carácter esencialmente internacional más importante, tecnificada y polivalente del país, especializado en el intercambio de mercancías de alto valor añadido, como el transporte de bienes de consumo, vehículos, productos energéticos y electrónicos.

 

 

El tráfico de mercancías propiamente dicho ocupa 21 terminales especializadas, a lo que se añade una gran diversidad de operaciones y servicios logísticos, sin olvidar los nueve muelles destinados al tránsito de pasajeros y líneas de cruceros para turistas, en cuyo pujante sector el puerto barcelonés ocupa el primer puesto europeo y el cuarto a nivel mundial. La superficie terrestre de la zona portuaria alcanza los 8.290.000 m2 y sus muelles y atraques tienen una extensión que supera los 20 km. Su capital relevancia se pone de manifiesto por el hecho que, según información de la propia entidad portuaria, genera 32.000 puestos de trabajo (el 0,9% de la ocupación de Cataluña) y, con más de 3000 empresas entre sus clientes, alberga actividades del 77% de sectores económicos de Cataluña.

 

 

El valor de las mercancías que canaliza representa el 73% de las exportaciones catalanas y el 24% del total del Estado español, por un importe que en el 2015 alcanzó los 61.000 millones de euros. La tendencia de los indicadores económicos y estadísticos pone de manifiesto un aumento constante del volumen de mercancías y operaciones. En el año 2017 se superará los 50 millones de toneladas (¡más de una tonelada por habitante del Estado!) y el transporte de pasajeros superará la cifra de cuatro millones de personas. Por todo ello, la infraestructura portuaria es y debe continuar siendo objeto prioritario de continuos planes estratégicos de modernización, sofisticación y ampliación, en un contexto enormemente competitivo.

 

Los proyectos de ingeniería vinculados al puerto afectan no sólo a su entorno más próximo, como la desviación del rio Llobregat, la construcción de nuevos diques, la ampliación del ZAL en el que están instaladas más de 130 empresas, sino a todas las estructuras logísticas terrestres y terminales de tránsito e infraestructuras de proximidad, capaces de crear una red y enlazar con el complejo portuario a fin de proyectarlo al conjunto de la península, al país vecino y al norte de África. Entre dichas redes destaca la importancia crucial del corredor Mediterráneo y la apuesta ferroviaria de ancho europeo, primera del Estado español, que ha de permitir alcanzar hasta el 20% de cuota de transporte total, frente al 12% actual.

 

El nivel de la actividad marítima y terrestre del puerto de Barcelona es, en su conjunto, un excelente indicador del dinamismo y la competitividad no sólo de la economía catalana sino también de sus principales áreas de influencia. Operar como un hub logístico potente comporta importantes compromisos de seguridad, fiabilidad, información y transparencia. Conlleva al mismo tiempo graves responsabilidades, como el reto que el de Barcelona sea un verdadero ‘green port’. Como polo de desarrollo, el puerto debe hacer frente, con todas sus consecuencias, a las exigencias de sostenibilidad en su explotación lo cual se traduce en una reducción continuada de las emisiones a la atmósfera y una disminución del impacto ambiental del conjunto de su actividad.

 

 

 

El desafío de la sostenibilidad medioambiental fue, junto con tendencias que propugnan la desglobalización y el auge del proteccionismo en algunos Estados, tema central de análisis de la conferencia anual de la ESPO (European Sea Ports Association) que acogió el Puerto de Barcelona a inicios de junio.

 

 

El puerto de Barcelona optimizará su eficiencia a través del incremento de capacidad, modernización, conectividad y sostenibilidad. Estos son los objetivos prioritarios de la planificación, los proyectos y las inversiones en curso. La ventaja competitiva resultante beneficiará a todo el territorio, mejorando las cadenas logísticas empresariales, generando numerosos puestos de trabajo y una importante contribución a la ordenación del conjunto de la actividad industrial y comercial.

 

Mercè Roca i Puigvert. Directora del Master of Science in International Business en la UPF Barcelona School of Management y coordinadora académica de ESCI-UPF

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