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Josep Bertran
Lunes, 2 de mayo de 2016
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España - Rusia

Descifrando a Rusia desde Europa

Rusia tiene pendiente hacer un análisis contable de sus verdaderas potencialidades que incluya con objetividad las debilidades. Sin planteos imperialistas trasnochados. Ni diabolizando sistemáticamente al presidente ruso.

Rusia es un país con  una enorme extensión lo cual le imprime orgullo pero le supone grandes retos para conseguir su gobernabilidad. No se puede por ello hablar de forma genérica de este casi-continente, los indicadores promedio inducen irremediablemente a error.

 

 

Умом Россию не понять\ аршином общим не измерить \у ней особенная стать\в Руссию можно только верить.


Con la razón Rusia no se comprende /con la  métrica usual no se la puede medir /
Ella tiene una postura especifica/en  Rusia solo se puede tener fe.

ТЮТЧЕВ.

 

 

A nivel de población por ejemplo es en la parte occidental y sur donde viven dos terceras partes de sus  ciudadanos. Y quizás eso explicaría que los rusos son más europeos que no asiáticos,  una simple cuestión  matemática, añadido a una cierta minusvaloración de todo lo siberiano.

 

A nivel económico  sería una potencia si se cuentan los recursos energéticos tanto de gas como de petróleo, también  por las  materias primas. Pero el  sistema productivo  aprovecha  de modo  eficaz  estos recursos únicamente desarrollando una fuerte industria  en  el sector de la defensa. Rusia no ha  conseguido  después de la era soviética, diversificar  sus  sectores productivos ni  ha sabido crear las medianas y pequeñas empresas que tanto contribuyen  en los índices de  bienestar. Hay pendiente transferir el “know –how” de este sector exitoso al tejido productivo como lo supo hacer Alemania después de la guerra.

 

Las infraestructuras son claramente mejorables  en cualquier dirección: salud, comunicaciones, educación, consolidación de las instituciones. Las universidades de negocios  siguen planteando a sus estudiantes el reto de crear empresarios  pero incluso con el apoyo de  otras instituciones no lo consiguen.

 

Como será el futuro de Rusia es algo a lo que hay que apostar hoy, por un  lado si los compradores de los productos rusos dentro de unos años  lo son  de materias primeras y armamento, cualquier país del mundo puede ser  el socio comercial, con todas las  implicaciones tales como  el no mostrar interés por el  desarrollo de ese país en  otros aspectos. Por el contrario si los compradores lo fueran de  productos diversificados  y de calidad, el cliente y socio sería de forma natural la vecina  Europa. Colaborar con Rusia en diversificar su estructura empresarial en un futuro, debe de ser una prioridad estratégica.

 

 

Europa sigue siendo, a criterio de los rusos, el lugar donde se gestiona mejor la dignidad.

 

 

A nivel político Rusia en poco tiempo ha  pasado de socio confiable  para Europa a potencial enemigo. Las causas son muchas y  habría que analizarlas desde  los dos bandos. Rusia ve la expansión  de la OTAN  como una agresión, especialmente cuando se aproxima ofreciendo  cabida a países tan  de la órbita rusa como Ucrania o  los  Países Bálticos .La construcción de oleoductos alternativos, para desviar el crudo  hacia Europa, vía rutas diversas como las de  Turquía, es prever un futuro en tensión. La concesión de privilegios institucionales a países de Asia central dentro de los organismos multilaterales, hace que la supuesta agresión occidental tenga fundamento.

 

No son tratados como amigos, Europa debería de aceptar con naturalidad el área de influencia geográfica rusa. Las sanciones económico–financieras, en vigor, son sin lugar a duda un acto de agresión.

 

Rusia por su parte es vista como un  reto para Europa, las políticas erráticas a nivel  internacional y la anexión de Crimea marcan el fin de una época de confianza: el soporte a las políticas separatistas  en el este de Crimea en el  Don-Bass, son  vistas como una agresión  a la soberanía de un país ; la muy moderada  sintonía alcanzada con  Europa para la resolución del conflicto en Siria se ve como indicador de una  política internacional en clave imperialista.

 

Pero cualquier nación por fuerte que sea, si toma posiciones unilaterales lo que  consigue  es convertirse en  un país aislado. En un  mundo global esto es sinónimo de debilidad y la acción sin consenso ya ha dejado de ser un símbolo de fuerza. Rusia lo que ha mostrado durante la intervención en  Siria ha sido  su moderno equipamiento que a modo de catálogo, ha exhibido con notable éxito a juzgar por los posteriores contratos de venta firmados.

 

Una y otra vez oímos que el presidente ruso no es democrático, pero nadie se para a pensar que heredó de Yeltin, hace tan solo unos 15 años, un país sumido en el caos, la descentralización había conseguido que los territorios fueran regiones fuera de control, pequeños reinados, cada cual  a lo suyo. Las estructura de gobierno, los  ministerios, por ejemplo, fueron  fundados con principios de amiguismo a modo de sociedades feudales. La comunidad, es decir los propios ciudadanos se encontraban sin objetivos comunes. El entramado institucional inexistente o sin contenido, sin otro reto que el expolio al estado.

 

El presidente Putin actúa contra todo esto y en su defensa cabe indicar que el reto es enorme. Usa los resortes psicológicos con admirable eficacia, basta con leer el apoyo que tiene hoy entre la gente, o escuchar las miles de preguntas que responde cada año a la Nación, homologables a los debates que los políticos hacen en Occidente.

 

El  presidente  consigue activar los resortes de apoyo en la población. Hay que matizar sobre los altos índices de popularidad: en las seudo-democracias, al no haber otras alternativas políticas, siempre acostumbran a ser altos.

 

El miedo está latente en todas y cada una de las decisiones que toma un ciudadano ruso; miedo a perder su trabajo, a perder su  puesto en la escuela, a tener los papeles en orden, miedos  a los ataques externos en sus multitud de  fronteras, a expresar con libertad sus opiniones, a pertenecer a algún  colectivo minoritario. El sufrimiento es  una  constante en el pueblo ruso  y el miedo un resorte que  amenaza. En Europa ocurre otro tanto con el miedo generado con los tópicos sobre “los rusos”, no ayudan a alcanzar un avance sostenido en las relaciones. Debemos romper este círculo.

 

Hay quien exagera y  dice que Putin es Rusia, quizás no sea así pero hoy habla en  nombre de los rusos. Y habría que escucharlo, no es democrático, quizás no, pero tampoco es un Zar a la antigua usanza, quererlo ver de este modo es una simplificación malintencionada.

 

La literatura de Tolstoi, Gorki, Dostoievski, nos hablan de un pasado feudal y ello tiene implicaciones sociológicas, ser democrático no era tan  importante si el señor actuaba  con valentía, los abusos en la propiedad pública  por parte de los funcionarios  era moneda corriente, tolerado, incluso bien visto.mSi esto era antes, hoy vemos que la resolución de conflictos de modo consensuado, es decir democrático, puede ser un símbolo de debilidad; los padres deciden: los hijos obedecen, las mujeres aprueban o condenan. Quizás se usan criterios más  primarios de amor y respeto, a  los  europeos  les  cuesta entenderlo, tanto como a los rusos les cuesta entender el siempre presente sentido de culpabilidad europeo.

 

Rusia mira desde tiempos históricos a sus vecinos y lo hace con admiración, a China menos, ha sido así desde Pedro el grande, sigue hoy.

 

España es un país europeo simpático, amigo, pero no es estratégico. La EU sí que lo es y será un espejo si persiste cohesionada, si consigue éxitos sociales, si sabe  buscar sinergias para resolver sus conflictos territoriales. Si no, China será la alternativa.

 

Rusia debe aceptar con resignación y con  todas las consecuencia que no es un imperio, que  la soberanía es un valor de otros  tiempos. Las batallas de hoy se libran en las universidades, en las instituciones y sobre todo en la conquista del bienestar repartido. Un imperio lo era cuando sus ciudadanos ofrecían su vida por defender la patria, pero hoy reclutar tropas para luchas en los múltiples conflictos en las fronteras de Rusia no es un cometido fácil .

 

Rusia tiene un indicador que denota claramente que el imperio no es tal, podríamos llamarlo  el factor “SALIDA”, EXIT, sus capitales buscan refugio en la bolsa de Frankfurt, en  los secretos bancos Suizos o Panameños, sus  estudiantes aspiran a formarse en las escuelas francesas, los individuos con poder económico aspiran a vivir en la Costa del Sol española o en barrio londinense de Chelsea. Por un lado el EXIT  es un indicador del fracaso de las políticas de Rusia que no consiguen ofrecer un entorno adecuado de vida, por otro  es un indicador de que Europa sigue siendo, a criterio de los rusos, el lugar donde se gestiona mejor la dignidad.

 

Los países del asía  central, Kazahastan, Kirguistan, Tadgikistan, ven con recelo a su vecino del norte cuando se anexiona Crimea y no entienden que la soberanía de Ucrania esté en entredicho, o cuando  mantiene  con mano de hierro a los  territorios del Cáucaso  sin encontrar  soluciones territoriales creativas. No haber asumido del todo la caída de la Unión Soviética provoca miedos en Asia central.

 

Si se afloja la amenaza imperialista Asia central seguirá siendo una aliado de Rusia. El Soft power, económico y  cultural, funcionará puesto que hoy es el auténtico pegamento imperial y Rusia con Asia central lo tiene fácil, basta recordar que lo que  recauda Tadjikistan por las trasferencias  de los  inmigrantes residente en Rusia es  equivalente a su producto interior bruto, y en esas proporciones están también Kirguistan. Con Kazahastan el  balance  es más comercial.

 

 

Josep Bertrán. Profesor de comercio internacional. Universidad Pompeu Fabra.

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